personas con alta sensibilidad

Alta sensibilidad y altas capacidades

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En el último ágora de familias abordamos un tema fundamental: la relación entre alta capacidad y alta sensibilidad. Las personas con altas capacidades son también, con enorme frecuencia, personas con alta sensibilidad. Nutridos por las investigaciones de Elaine Aron, psicóloga y escritora, autora del libro “El don de la sensibilidad” comenzamos la sesión respondiendo un test orientativo para conocer el grado de hipersensibilidad que tenían nuestros hijos y cómo afectaba eso su relación con el entorno y su propia percepción de sí mismos.

Compartimos el cuestionario, porque creemos que puede ser revelador. Como hablábamos en otros artículos del blog sobre las altas capacidades y la importancia del diagnóstico, en este caso sucede algo muy similar. Saber qué es la hipersensibilidad y reconocerse ayuda a afrontar, comprender, aceptar y vivir plenamente desde la conciencia de estar en posesión de un don que la sociedad y las propias represiones individuales y colectivas han hecho que sea visto y señalado como una patología, un defecto o una debilidad. Cuando en realidad es todo lo contrario.

  1. Tengo la sensación de ser consciente de cosas muy sutiles en mi entorno
  2. Me afecta el comportamiento de los demás
  3. Suelo ser muy sensible al dolor
  4. En los días ajetreados, suelo tener necesidad de retirarme, echarme en la cama, buscar una habitación en penumbra o cualquier otro lugar donde pueda encontrar algo de tranquilidad y alivio frente a tanta estimulación
  5. Soy particularmente sensible a los efectos de la cafeína
  6. Me abruman fácilmente las luces brillantes, los olores fuertes, los tejidos bastos
  7. Los ruidos fuertes me hacen sentir incómodo/a
  8. Tengo una vida interior rica y compleja
  9. Me conmueven profundamente las artes y la música
  10. Soy muy concienzudo/a
  11. Me asusto con facilidad
  12. Me agobio cuando tengo muchas cosas que hacer en poco tiempo
  13. Cuando alguien se siente a disgusto en un entorno físico, suelo saber lo que podría hacer para hacerle sentir más cómodo
  14. Me molesta que los demás pretendan que haga demasiadas cosas a la vez
  15. Me esfuerzo mucho por no cometer errores u olvidarme de algo
  16. Suelo evitar las películas y series de televisión violentas
  17. Me resulta desagradable la sobreestimulación que me provoca el ajetreo a mi alrededor
  18. Los cambios en la vida me conmocionan
  19. Suelo percibir y disfrutar de las buenas esencias, sabores, sonidos y obras de arte
  20. Para mi tiene mucha importancia disponer mi vida de modo que pueda evitarme situaciones perturbadoras
  21. Cuando tengo que competir o ser observado/a en la ejecución de una tarea, me pongo tan nervioso/a e inseguro/a que termino haciéndolo peor de lo que podría hacerlo
  22. Cuando era niño/a, mis padres o mis profesores me solían ver como una persona sensible o tímido/a

Una mayoría de respuestas verdaderas es un claro indicador de que estamos ante una persona altamente sensible. Entre los presentes, todos coincidimos en nuestra mayoría de afirmativos, incluso llegando a responder sí a todas las preguntas.

Ya introducidos en el tema, comentamos la relación entre alta capacidad y alta sensibilidad, que según las investigaciones de Elaine Aron y Kazimierz Dabrowski, van asociadas con mucha frecuencia.

Dabrowski habla en términos de sobreexitabilidad y distingue 5 formas de sensibilidad en las personas con altas capacidades. Las sensibilidades motora o psicomotora, sensitiva, emocional, imaginativa e intelectual.

La hipersensibilidad o sobreexitabilidad motora se manifiesta en forma de entusiasmo, vitalidad, inquietud, energía desbordante y un punto de impulsividad. Una mirada superficial y desinformada puede derivar en un diagnóstico equivocado de hiperactividad o déficit de atención (TDAH) en niños de altas capacidades especialmente sensibles en sus funciones motoras.

En el área intelectual se despliega con avidez, curiosidad y una gran agilidad, originalidad y agudeza en la manera de buscar, adquirir y procesar la información para transformarla en conocimiento.

La alta sensibilidad sensitiva abarca los cinco sentidos y puede observarse en su manera de interactuar y reaccionar a todo tipo de estímulo, ya sea visual, táctil, olfativo, auditivo o gustativo. La intensidad con que se vive un sabor, un olor, un sonido, una textura, una forma o un color puede desencadenar en sobreexitabilidad. Eso explica los casos de baja tolerancia al dolor, el enorme placer o desagrado asociado a ciertas comidas, la facilidad con que pueden emocionarse en la contemplación de una obra de arte y la gran facilidad para distraerse ante un estímulo que para el común de la gente pasa desapercibido.

En cuanto a la hipersensibilidad imaginativa se observan con frecuencia complejidad en el habla, gran facilidad para comunicar a través de metáforas, gran abstracción mental y capacidad para soñar despiertos o inventar mundos paralelos, amigos imaginarios, historias inverosímiles cargadas de detalles realistas y convincentes. Este matiz dificulta enormemente la adaptación de las personas altamente sensibles a los métodos educativos convencionales y a las normas y rutinas que se viven con enorme incomodidad y monotonía.

Y la alta sensibilidad emocional. Las personas altamente sensibles tienen una riqueza y una intensidad en su vivencia emocional que no pasan desapercibidas. El miedo, la tristeza, el amor, la alegría o la ira pueden llegar a límites insospechados. También poseen una gran intuición, alta empatía y una exacerbada susceptibilidad a las críticas y al rechazo. La infancia es particularmente difícil en este sentido ya que la crueldad, la crudeza y la violencia física o verbal que pueden llegar a mostrar y ejercer los niños de su misma edad pueden ser algo realmente incomprensible y traumático.

Compartimos nuestra visión acerca de cómo la sociedad y el sistema en que estamos obligados a funcionar suele exigir y promover que seamos competitivos, egoístas, que nos mostremos fuertes, seguros y siempre dispuestos para la acción, como guerreros. Las personas altamente sensibles suelen quedarse fuera y absolutamente incapaces de identificarse con estas premisas que muchas veces parecen inevitables. Su capacidad de análisis, empatía y complejidad tanto intelectual como emocional ante un problema deriva, la mayoría de las veces, en que se subestime y se ridiculice la reacción y postura de las personas con alta capacidad y alta sensibilidad. En este sentido, es de vital importancia la contención, el apoyo y la validación de todas estas características en el hogar. Es fundamental conseguir que nuestros niños altamente sensibles acepten y aprendan a gestionar sus recursos y para eso deben sentirse seguros, comprendidos y amados, tal y como son. Ya en la escuela, en sus actividades deportivas o extraescolares, y más tarde en todo ámbito dentro de la sociedad, ya sea la universidad, el trabajo, o los entornos que frecuente según sus áreas de interés tendrán que lidiar con esa sensación de indefensión o incomprensión. De no pertenencia. Para darles las herramientas de autogestión y autoaceptación debemos ayudarles desde el hogar a construir su identidad, su autoestima y promover el autoconocimiento. Eso se consigue con los brazos, los ojos, los oídos y el corazón abierto. Con incondicionalidad, sinceridad. Estando presentes. Brindándoles tiempo compartido de calidad.

La segunda parte de la sesión participamos en un juego que nos ayudó a compartir experiencias. Teníamos 5 papeles para colocar en 5 cajas. Una por cada tipo de hipersensibilidad: Motora, sensitiva, emocional, imaginativa e intelectual. El juego consistía en escribir una experiencia o característica de nuestros hijos que encajara en algún tipo de sensibilidad. Podíamos escribir una de cada tipo o las que fueran más llamativas o frecuentes, aunque no hubiera de todas las categorías, ya que cada persona es única y, aunque puede que todas las sensibilidades estén aumentadas, hay casos en que realmente destacan mucho más unas sobre otras.

Las respuestas fueron anónimas y el entorno lúdico generó un maravilloso ambiente de sinceridad y distensión en que nos sentimos aliviados, sorprendidos, emocionados, reflexivos, divertidos, y nos animamos a compartir experiencias, sensaciones, dudas y anécdotas cotidianas que fueron muy esclarecedoras y constructivas.

Nos atrevimos a escribir la palabra obsesión. Nos atrevimos a hablar de los miedos, tan recurrentes e irracionales. Expusimos sin vergüenza esos mundos imaginarios y planteos complejos y preguntas incómodas y esa sinceridad extrema que nos regalan nuestros hijos a diario y con las que muchas veces no sabemos qué hacer. Asumimos, con alivio, que lo que necesitan nuestros hijos es ser aceptados y comprendidos. Que no pueden ni deben ir pidiendo perdón permanentemente por ser como son. Hagan lo que hagan, sientan lo que sientan, digan lo que digan, piensen lo que piensen, necesiten lo que necesiten.

Cada vez está más claro que estos espacios de reunión y diálogo son necesarios. La labor de la Asociación Altas Capacidades Pitágoras representa y construye el primer espacio seguro, el refugio de autenticidad fuera de nuestros hogares donde aprender la mejor manera de acompañar a nuestros hijos y funcionar saludablemente como familia, como padres y con el apoyo necesario para que desarrollen todo su potencial y acepten que lo que tienen no es un problema, no es una debilidad, no es una patología, no una ineludible puerta al aislamiento o al fracaso. Lo que tienen es un don.

Para profundizar en las 5 formas de sensibilidad expuestas por Dabrowski compartimos este artículo publicado en el blog de la rebelión del talento

5 Formas de Sensibilidad en Personas con Altas Capacidades

Y para conocer más a fondo la teoría de Elaine Aron recomendamos el blog de Karina Zegers de Beijl, autora del libro “Personas Altamente Sensibles” donde encontrar consejos, historias y toda una filosofía de vida asociada a la alta sensibilidad.

http://personasaltamentesensibles.blogspot.com.es/

paradojas altas capacidades

Altas capacidades: Paradojas y contrastes

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El exceso de inteligencia puede transformarse en un arma de doble filo ¿Cómo encauzar esas paradojas propias de las altas capacidades y disfrutar de su riqueza? Tal vez sería mejor enfocar la cuestión desde otra perspectiva, no como el filo de un arma sino como caras de una misma moneda. Mejor aún, como una maravillosa complementariedad indivisible que hay que disfrutar y aprender a encauzar.

Una mente muy inteligente puede generar ideas creativas a una velocidad superior a la propia capacidad de procesamiento del cerebro. Es fascinante y a la vez complicado. La lluvia de ideas es extremadamente rápida, rica y original, y por el mismo motivo difícil de gestionar, organizar y discriminar. La fuerza se complementa con la fragilidad.

Una mente muy inteligente a menudo funciona regida por el pensamiento arborescente. Esta manera de razonar se caracteriza por la inmensa cantidad de ramificaciones, conclusiones, relaciones e interacciones que pueden llegar a derivarse de una simple idea, un sencillo estímulo. Una primera imagen, palabra o emoción se despliega, extiende y complejiza casi hasta el infinito, generando una sobreabundancia que se puede volver inordenable. La creatividad se complementa con la complejidad.

Una mente muy inteligente es capaz de sentir las emociones de una manera inimaginablemente intensa y honda. Todas ellas. La alegría. La tristeza. El miedo. La ira. El amor. La soledad. Un pequeño estímulo puede despertar una emoción tan profunda que sea desbordante y difícil de sobrellevar. La empatía se complementa con la vulnerabilidad. La hipersensibilidad se complementa con la fuerza emocional y creativa.

Una mente inteligente no para. Tiene una actividad incansable. Una curiosidad inagotable. Una capacidad deslumbrante. Pero eso puede resultar agotador y muchas veces inoportuno, y llevar a la frustración, a la incomprensión y al aislamiento. La lucidez se complementa con la introspección.

Es muy importante, para que la inteligencia se transforme en una herramienta, en una aliada, en una llave y se encauce y exprese todo su potencial que esa persona, que va con su mente muy inteligente a todas partes, encuentre un entorno de comprensión adecuado. Un espacio de afinidad, libertad, reflexión, aceptación. Donde dejar de sentirse “demasiado” y poder afirmarse y confirmarse en su ser y como “parte de” un grupo en sintonía.

Es también importante despertar el cuerpo y conectar con el presente para alcanzar la autoaceptación y para conseguir relativizar y gestionar todo ese flujo de emociones y pensamientos y conexiones veloz, incesante e intenso. A menudo las mentes muy inteligentes tienen una incómoda sensación de estar escindidas de su cuerpo. Tienen la impresión de ser un cerebro -y no uno cualquiera sino uno excesivamente vital y curioso- metido en un envase limitante, imperfecto, que tiene demasiadas necesidades y que genera demasiadas distracciones. Y es fundamental también en ese sentido conseguir la complementariedad, la conexión, la armonía del todo.

La plenitud parte de la aceptación de quienes somos. Se trata básicamente de eso. De aceptarlo todo. De vivir completos. De sentirnos bien con nuestra naturaleza en toda su amplitud. El esfuerzo que puede llevar contrarrestar, adaptarse, intentar encajar a base de reprimir, callar, negar, censurar, intentar transformarse en algo que no somos para parecernos al resto, es inútil e innecesario.

Compartimos el artículo Las paradojas del superdotado de la periodista Ana Díaz Jiménez donde se exponen las características antes señaladas: pensamiento arborescente, hipersensibilidad emocional y actividad mental incansable. Y cómo saber utilizarlas como aliadas y no como obstáculos puede hacer que las paradojas se conviertan en paraísos.

 

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depresion existencial

Depresión existencial y superdotación

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¿Qué es la depresión existencial y por qué afecta en mayor medida a las personas con altas capacidades?

La muerte, la libertad, la soledad, el sentido de la existencia, el amor, la imagen de uno mismo.

Todas las personas han pensado alguna vez en estos temas, los grandes temas. Puede incluso que hayan pasado periodos de sus vidas más afectados o abarcados por alguno de ellos en particular.

¿Pero cómo sería vivir con esas preguntas presentes en nuestro pensamiento todos y cada uno de los días de nuestra vida? ¿Cómo sería convivir con esos planteamientos a diario y no poder verdaderamente compartirlos con el resto de personas a nuestro alrededor ni con la profundidad ni con la frecuencia necesarias por no enfrentarnos a su hartazgo, incomprensión, preocupación, o a ser juzgados como si tuviéramos un trastorno mental?

Ese puede ser, y es en realidad y con mucha frecuencia, el día a día de una persona con una inteligencia superior a la media. No es algo que puedan elegir. No es algo que les haga la vida más fácil, desde luego, y muchas veces comienza con un simple planteamiento, una conexión entre hechos, una situación cotidiana, una noticia, una anécdota, un recuerdo, y se va ramificando hasta transformarse en un pensamiento recurrente que se alimenta a sí mismo y desemboca en angustia, desasosiego y soledad.

¿Puede una persona ser demasiado inteligente para ser feliz? ¿Podemos atrevernos a hacer esta pregunta? Claro que sí. Tener una inteligencia superior no es precisamente una realidad con la que sea fácil lidiar. Es un maravilloso regalo en múltiples aspectos. Pero trae acarreadas también múltiples cuestiones con las que hay que aprender a convivir. Tanto si vivimos la alta capacidad en primera persona, como si se trata de personas cercanas, familiares, pareja, amigos, alumnos.

La depresión y el suicidio son temas tabú. No es fácil para nadie hablar de su depresión, o la de un ser querido. No es cómodo ni agradable compartir la frecuencia e intensidad con la que se puede llegar a sentir tanta soledad, tanta tristeza, tanto aislamiento, tanta incomprensión y una falta tan enorme de sentido como para que aparezca la idea del suicidio. Y los temas que son tabú, son frecuentemente los que más habría que tratar. “De eso no se habla” suele venir delante de temas que paradójicamente no hay mejor manera de relativizar y resolver que hablando, sacándolos fuera.

Las personas con altas capacidades, al tener una complejidad de razonamiento mayor, más facilidad para interrelacionar conceptos, más intensidad y sensibilidad emocional y un mayor sentido y conciencia de la verdad, la justicia y la existencia, llegan a tener una mirada tan abarcativa y completa, tan rica e idealista acerca de la vida, que choca estrepitosamente contra la realidad. Las expectativas para con uno mismo y para con los demás. Las ideas y las percepciones. Las construcciones mentales, se derrumban en contraste con lo que las cosas son, lejos de lo que podrían, deberían, de lo que imaginan y desearían que fueran.

Puede ser de mucha ayuda saber qué es la depresión existencial y cómo afecta en mayor medida a las personas con altas capacidades. Puede ser de mucha ayuda intentar quitar de los grandes temas, de los dolores más profundos y de los miedos más angustiantes el cartel que pone: “De eso no se habla” y cambiarlo por otro que diga: “Hablemos. Hablemos todo lo que haga falta. No estás solo.“

Compartimos un artículo de Maria Rydkvist, docente, experta en superdotación, activista en favor de la educación y los derechos del alumnado con sobredotación intelectual y creadora del blog sobre superdotación y superdotados Mom to Gifted.

La depresión existencial del adulto superdotado

 

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