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Altas capacidades y desarrollo del talento

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Redactar un artículo sobre la ponencia de Javier Tourón sobre el desarollo del talento en las V Jornadas sobre Altas Capacidades que se celebraron en Barcelona el pasado 24 de Noviembre nos obliga a enfrentar la difícil tarea de presentarle, y a la no menos que imposible labor de intentar ser precisos y concisos a la vez. Javier Tourón es una eminencia en torno a las altas capacidades y, entre otras cosas, es vicerrector de Innovación y Desarrollo Educativo en la UNIR, catedrático de Métodos de Investigación y Diagnóstico en Educación y Doctor en Ciencias de la Educación y en Ciencias Biológicas. Además de profesor, miembro de sociedades científicas, investigador y editor de diversas y prestigiosas revistas en el ámbito de la educación y las altas capacidades.

Su conferencia se centró en el modelo Talent Search y expuso con claridad las diferencias entre dotación y talento, y la importancia de un cambio profundo en el enfoque, en la metodología y en las acciones que se deberían tomar desde el sistema educativo para que las altas capacidades sean verdaderamente aprovechadas y nutridas, y puedan transformarse en talento. Porque, como muy significativamente apunta debajo de su nombre en la página web que recoge su trabajo, su trayectoria, sus proyectos y sus artículos: “El talento que no se cultiva, se pierde.”

Es muy importante antes de hacer, entender. Antes de escuchar, saber de qué se está hablando. Y hay ciertos conceptos que en su ponencia nos van quedando perfectamente delimitados desde un comienzo. Pensamos en capacidad, dotación, desarrollo, proceso, talento, potencial, rendimiento, compromiso, creatividad, competencia. Pensamos en motivación, en aprendizaje, en el pensamiento en sí, y en toda su multiplicidad. Pensamos en técnicas, modelos, sistemas, paradigmas. Pensamos en encontrar, detectar, identificar, pero también en etiquetar ¿y en actuar, en cambiar, en cultivar, en construir, en innovar?

Vemos el esquema de los tres anillos de Renzulli. Este modelo pone el énfasis en la interacción y solapamiento de tres conjuntos de rasgos que propiciarían la aparición de un comportamiento singular. Uno representa una capacidad intelectual por encima de la media, otro la creatividad, y un tercero el compromiso, la implicación, la motivación con la tarea. Donde confluyen los tres es donde hablamos de alta capacidad. Y lo interesante de este enfoque es que expone el concepto de alta capacidad o dotación como un comportamiento, no ya como una característica absoluta, invariable e innata. Sino como un modo, una manera, una forma de ser, pensar, estar, afrontar, gestionar, solucionar. Algo vivo, dinámico, en permanente desarrollo y retroalimentación. Una conducta y no una mera característica. Pensemos en la etimología: tanto en inglés “gifted”, como en español, individuo “superdotado”, o con “altas capacidades”. Las palabras mismas nos dejan paralizados. Visualizamos a alguien que está dotado. O tiene un don, una especie de regalo, o una determinada capacidad. Parecen conceptos muy difíciles de modificar, desarrollar, dinamizar, cultivar. No son fértiles territorios, complejos y saludables organismos vivos, galaxias en expansión. Cuando leemos o escuchamos esas palabras imaginamos una caja con un lindo envoltorio y un enorme lazo, imaginamos un bíceps súper abultado, imaginamos un recipiente de mucha capacidad, sí, pero estanco y rígido. Y las altas capacidades no tienen nada que ver con eso. Son mucho más expansibles, cultivables, modificables, desarrollables y potenciables de lo que somos capaces y estamos acostumbrados a ver.

Nos dice Javier Tourón: “La capacidad no es una etiqueta, la capacidad es real.” Pero claro, hay que hacer algo con ella. No solo ponerle una pegatina en la frente con un numerito. Hay que ver todo su potencial, verla realmente como eso, para poder obtener resultados, para que atraviese un proceso en donde intervengan la técnica, la motivación, el trabajo, la perseverancia, el aprendizaje, y pueda realmente desarrollarse el talento sin frenos ni bordes ni límites más que los que dicte el propio individuo y su propio proceso y modo de atravesarlo.

Porque el talento no se desarrolla espontáneamente, no crece como las florecitas silvestres al costado de la carretera. Hace falta transformar una capacidad natural en algo sistemáticamente desarrollado. Porque la capacidad es un potencial, pero el talento es su rendimiento. Hay que identificar la capacidad pero para intervenir, no para quedarnos ahí a observarla, o archivarla en un expediente. Hay que identificar la capacidad para desarrollar el talento.

Luego nos hará reflexionar sobre lo ridículo e ineficaz que es organizar la escuela por edades. La talla única ¿Acaso todas las personas de la misma edad tienen las mismas necesidades?

Identificar el talento tiene sentido sí y solo sí construimos una escuela nueva. Una escuela donde a cada alumno se le de una tarea que no sea ni demasiado difícil como para llevarlo a la frustración, ni demasiado fácil como para causarle aburrimiento. La escuela no puede esperar a que el niño se aburra, se frustre, se queje, fracase. Y después hacer estadísticas. Y después señalarlo. Y después culpar a la familia. Y después preguntarse ¿qué pasó? Hay que actuar antes. Hay que atenderlo antes.

Javier Tourón dice: “La escuela no debe promover la igualdad. La escuela debe promover la equidad.” Y hay que ser muy rigurosos en este punto. Porque son cosas completamente diferentes. No hay que dar a todos lo mismo. Hay que dar a cada uno lo que necesita. Ni más ni menos.

La sociedad progresa a partir del desarrollo de las capacidades de sus individuos. Las personas que puedan desplegar su capacidad y cultivar su talento, serán las que promuevan el cambio, la evolución, la innovación, el desarrollo. Las que ampliarán los límites, las que superarán los retos, las que encontrarán nuevos campos y nuevos modos, las que revolucionarán el paradigma y encontrarán las soluciones a cada problema como un desafío. En este sentido, cultivar el talento es apostar por el desarrollo social, cultural, científico, educativo, artístico, humano.

Y si conseguimos entenderlo de esta manera y en toda su magnitud llegaremos a la conclusión de que visibilizar, sensibilizar, concientizar, detectar, identificar al alumnado con altas capacidades; y promover, encauzar, apoyar y fomentar el desarrollo del talento no es algo menor, anecdótico. Ni siquiera es algo deseable, importante. Fomentar el desarrollo del talento es nuestro deber. Es nuestra obligación.

Gracias Javier Tourón por tu trabajo, por tu compromiso, por tu talento y por abrirnos los ojos y darnos herramientas y también fuerzas y esperanzas. Por inspirarnos de la mejor manera posible que es haciendo. Sin parar, sin bajar los brazos, sin perder el rumbo ¡Gracias!

Web personal de Javier Tourón y su labor sobre Talento, Educación y Tecnología https://www.javiertouron.es/

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altas capacidades y género

Alta capacidad y género

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La conferencia de la Dra. en Psicopedagogía Rosabel Rodríguez inaugura las V Jornadas sobre Altas Capacidades: “La diversidad dentro de la alta capacidad”. Empezar el ciclo de ponencias con una exposición sobre género no es una decisión menor. Atendiendo a la diversidad, hablar de altas capacidades es observar detenidamente la complejidad que puede haber dentro de cada individuo. Tendientes como somos a intentar etiquetarlo y categorizarlo todo; concienciar, sensibilizar, detectar y diagnosticar un individuo es importante y necesario a la hora de atender a sus necesidades, pero no debe hacerse sin prestar atención a todo lo demás. Y muchas veces ese “todo lo demás” involucra otras variables que también necesitan ser atendidas y luchan para hacerse visibles. En medio de toda esta muñeca rusa de nombres y perfiles y entramados lo más importante de todo es recordar que lo que tenemos delante siempre es una persona; una persona compleja que no encajará nunca en un patrón, y que necesitamos evaluar y con la que tenemos que atenernos a unos protocolos, pero cuyas necesidades, la totalidad de ellas, están insertas en una realidad compleja y se refieren a múltiples ámbitos. En cuanto a la problemática de género, la visión sobre las altas capacidades debe ampliarse y afrontar el reto de romper mitos y abrirse paso aún con más fuerza.

La conferencia comienza con un simple ejercicio que Rosabel nos propone y es decirle a la persona que tenemos sentada a nuestro lado una mujer que haya ganado el Premio Nobel. En todo el auditorio no se ha oído pronunciar otro nombre que no fuera: Marie Curie. Solo nos acordamos de ella. Y está claro que se lo merece. Es la única mujer que ha ganado dos premios Nobel. Y cuya hija también obtuvo uno. De 935 premiados, solo 51 han sido mujeres. De 118 años de premios, 80 ha habido sin premiadas mujeres. Nadie en el auditorio conoce a Donna Strickland. Vemos su foto en pantalla, leemos su nombre, pero no sabemos quién es. Ella ganó el Premio Nobel de Física este año. Donna ya había ganado el Premio Nobel y sin embargo seguía sin haber una entrada en la Wikipedia sobre ella. Se ve que el perfil de esta brillante científica no era lo suficientemente notable como para estar en Wikipedia, donde las biografías femeninas no llegan ni siquiera a representar un 18% del total. Imagino que a nadie se le ocurrirá intentar dar una explicación dudando de su capacidad intelectual.

Y esto si nos movemos solo en el territorio de los premios Nobel. Pero más de lo mismo encontraremos entre los arquitectos, artistas, compositores, científicos, cineastas. Nadie recuerda el abrumador talento musical de la hermana de Mozart, de apellido Mozart también, desde luego. Y tantas abuelas y madres nos han extasiado con sus dones culinarios. Pero, ¿cuántas fueron chefs internacionales? Y tantas mujeres han tejido, bordado, cosido; han vestido con amor y dedicación a toda su familia. Pero, ¿cuántas de ellas fueron reconocidas diseñadoras de moda? Imagino que a nadie se le ocurrirá intentar dar una explicación dudando de su creatividad y talento.

Lo que nos tiene que dar esperanza y alivio es afirmar que el motivo, que la verdadera explicación es cultural. No es un problema intrínseco. Podemos cambiarlo. Debemos cambiarlo.

Cada día, día tras día, desde la infancia, las mujeres recibimos infinitos mensajes sobre lo que somos, lo que deberíamos ser, lo que se espera que seamos, lo que tenemos, lo que debemos, lo que estamos obligadas a pensar, sentir, decir, hacer, desear. Lo que estamos obligadas a ser. Y en algunos casos intentar ir contra eso no solo es difícil. A veces ni siquiera se nos ocurre, porque no lo vemos. Y otras veces es mejor que no se nos ocurra porque puede llegar a ser imposible, impensable, incluso estar prohibido.

Una noticia de hace apenas unos días atrás: Galicia prohíbe la obligación de llevar faldas a las niñas que usan uniforme para ir al colegio. Estamos en 2018. Y nos parece una locura ¿no es cierto? Y deberíamos pensar: No puede ser que haya que prohibir esto. Pero claro, hay que prohibirlo, porque de momento ¡es obligatorio!

Rosabel propone otro simple ejercicio: Si buscamos “gifted children” o “superdotados” en Google y filtramos imágenes ¿con qué nos encontramos? Pizarras, fórmulas matemáticas, niños con gafas vestidos con elegancia y formalidad, grandes lectores, violinistas, campeones de ajedrez, niños con lamparitas encendidas alrededor de su cabeza, pequeños bebés con los pelos y los bigotes de Einstein. Estereotipos. No encontramos otra cosa que absurdos estereotipos. Y muy pocas niñas.

Hay algunos datos que son abrumadores. Por ejemplo, entre los 6 y los 12 años, el número de alumnos diagnosticados con altas capacidades no muestra una brecha muy llamativa en relación al género. Un 52% de chicos y un 48% de chicas aproximadamente. Pero cuando llegamos a la adolescencia la diferencia crece significativamente. Entre los 12 y los 16 años las chicas solo representan un 30% del total. Imagino que a nadie se le ocurrirá intentar dar una explicación refiriéndose a la pubertad o a las hormonas sexuales. La razón es muy dolorosa. Ya están apagadas. Ya están adiestradas. Se han vuelto invisibles. En todos esos años que lo niños escuchaban mensajes del tipo: dilo, no te calles, muévete, hazlo; ellas solo recibían: tranquila, cálmate, ya pasará, no lo hagas, no preguntes, no sobresalgas, no llames la atención, no lo digas, no pienses eso.

A partir de los 12 años ¿dónde están las chicas? ¿dónde están las mujeres de altas capacidades?

Están ahí. Ahí sentadas. Quietas. En su sitio. Calladas. Hacia dentro. Están ahí. En el mismo lugar que estuvieron siempre. Invisibles.

Sumado al enorme y aplastante sistema social y cultural que opera de manera extrínseca hay un factor intrínseco muy poderoso que puede ser muy determinante y es la autoconfianza, la autopercepción. La falta de confianza en uno mismo es mayor en las personas con altas capacidades, mayor aún en la pubertad, y mucho mayor, y acrecentada por el entorno y sus mensajes y expectativas, en las mujeres.

Cuando una chica triunfa, ya desde el entorno escolar, recibe más habitualmente el mensaje de que es porque se ha esforzado mucho. Los chicos parecen conseguirlo simplemente por su talento, por su capacidad. Tanto chicos como chicas tienden a valorar positivamente a las mujeres de su entorno, sus abuelas, tías, sus madres, las profesoras, por sus cualidades emocionales y afectivas, por su empatía, cercanía y disponibilidad. Pero cuando se pregunta por la inteligencia, la valoración se hace generalmente sobre los padres, abuelos, profesores. Esa misma idea proyectan las chicas sobre si mismas. Lo que se valorará en ellas son sus habilidades sociales, afectivas, emocionales e interpersonales por encima de todo. Este constructo opera con la misma fuerza que la frase “Querer es poder”. Pues “No querer es no poder”. Las mujeres no quieren ser brillantes, no quieren ser inteligentes, no quieren ser talentosas, no quieren ser exitosas. Nadie las admirará por eso. A menos, claro está, que cumplan primero con todo lo demás. Pero ese “todo lo demás” es un lastre muy grande. Y para poder ser buena, atenta, entregada, dulce, amorosa, estar disponible, cuidar de los demás y a la vez ser brillante en tu profesión y en tu carrera, creativa y talentosa en el área que te apasione; no queda otra opción que ser una Supermujer. Una especie de heroína de ciencia ficción que tiene la habilidad de multiplicarse, o que se mete en una cabina de teléfono y se transforma en un segundo en lo que haga falta y puede parar el mundo mientras da varias vueltas al planeta tierra para frenar el tiempo y salvar a toda la humanidad de la catástrofe (y salir viva).

Los factores extrínsecos no hace demasiada falta revisarlos. Aunque son los que se han encargado de, gota a gota y minuto a minuto, crear, alimentar y propiciar todas las creencias que han calado tan hondo que a veces es difícil reconocer que no eran internas. Están tan profundamente arraigadas que son verdad como si hubieran venido impresas en el ADN. La familia, la escuela, la sociedad han erigido los estereotipos y los han reproducido hasta el infinito y hasta el hartazgo. Y han calado. Y calan, cada día.

Y para que esto cambie hay que contrarrestar. Y sí que hay cambios. Que se gestan. Se llevan a cabo. Hay mas conciencia y más iniciativas. Pero la inercia es descomunal. Hay una enorme falta de modelos a los que seguir. Rosabel nos muestra algunos videos y diapositivas que nos recuerdan cómo y cuánto hemos normalizado los estereotipos. La campaña Redraw the Balance de la iniciativa Inspiring The Future nos muestra cómo ya en la escuela primaria cuando los niños y niñas imaginan médicos, bomberos, pilotos; siempre imaginan hombres. Al final de la experiencia entran tres mujeres al aula con su ropa de trabajo y los niños se asombran. Llegan a gritar: ¡Están disfrazadas!

Video: Redraw the Balance

Al no tener modelos que imitar y al estar rodeadas de estereotipos y mandatos limitantes las chicas, además de atreverse a tener altas capacidades y salir de ese asfixiante armario con plena confianza en sí mismas, tienen que ser valientes, fuertes. Tienen que abrirse camino, ser pioneras, porque no tienen modelos a seguir dentro de un mundo donde la justicia y la igualdad, por muy absurdo que suene, no abarcan a las mujeres.

Lo que también es muy frecuente y desconcertante es la cantidad de mensajes contradictorios que se producen. Porque se dicen cosas, pero luego se hacen otras. Y se piden cosas, pero luego no se llevan a cabo. Y se alientan y se fomentan cosas, pero no se traza el verdadero camino para que puedan hacerse realidad.

Las mujeres no solo se enfrentan a techos de cristal, también pisan suelos pegajosos. Esos suelos pegajosos donde están sus hijos, sus padres, sus parejas, y ese deber y esa necesidad de atenderles siempre, porque así nos han educado, y porque lo llevamos clavado en las entrañas. Y si conseguimos el apoyo y la ayuda suficientes para subir los peldaños uno a uno de nuestra vocación, de nuestra profesión, de nuestro trabajo, intentando desarrollar nuestro talento, ahí nos encontramos el techo de cristal: la sociedad no confía con tanta soltura los puestos de responsabilidad, los proyectos complejos, los cargos directivos a las mujeres ¿Por qué? Porque seguramente tendrán hijos, maridos, padres, familias enteras que atender y no podrán responder como se espera, no estarán a la altura, no lo darán todo. Pero mejor así. Mejor que no se les ocurra darlo todo por su profesión, porque lo que sería admirable y ovacionado en un hombre, seguramente se miraría con desconfianza o se juzgaría sin piedad en una mujer. Porque sí, se nos anima a brillar y realizarnos, pero nunca jamás bajo ningún concepto se nos permitirá dejar de ser buenas, guapas, tranquilas, sensibles, abnegadas y compasivas.

En 2012 la Comisión Europea lanzó una campaña dentro de su programa de mujeres en la investigación y la innovación, que pretendía animar a las adolescentes a estudiar ciencias. Science: it´s a girl thing! se llamó y a través de un video viral de 0:52 minutos de duración no hizo otra cosa que dejar en claro cómo el machismo está en el hueso y no importa el lema ni la intención; la ideología más sexista y vergonzosa chorreaba por los cuatro costados. Si esas niñas, esas jóvenes que debían atreverse a estudiar ciencias, tenían que sentirse identificadas con las mujeres del video, la batalla estaba perdida antes de empezar. Las supuestas científicas parecían salidas de una película de 007. Tacones, bellísimas piernas desnudas, cinturas de avispa, abundante maquillaje. Ellas, peinadas de peluquería y dirigiendo miradas, gestos y actitudes seductoras al único ser humano que parecía verdaderamente centrado en su trabajo: un hombre, desde luego. Las chicas tiran besos, se ríen, se distraen, se sorprenden. Son tan adorablemente superfluas y sexis. Porque la ciencia es cosa de chicas, pero claro, la “i” de la palabra Science, no se lo pierdan, es una barra de labios.

Video: Science: it´s a girl thing!

Por suerte, las estudiantes de psicología y neurociencia de la Universidad de Bristol expresaron su indignación y respondieron con otro video que ojalá hubiera sido tan viral como el primero porque parodia con altura y cinismo cada uno de los absurdos clichés de la campaña oficial.

Parodia graduadas Universidad de Bristol

Solo podremos hablar de igualdad el día que cada niña, cada adolescente, cada mujer pueda decidir libremente y sin barreras lo que quiere hacer de su vida, de su carrera, de su profesión. El día que cada niña se libre de la infinitud de mensajes que intentarán construir de manera efectiva y desde dentro la indefensión aprendida. El día que cada niña imagine su vida adulta con plenitud y con éxito, sin suelos pegajosos ni techos de cristal. Y para eso los primeros pilares en los que deben apoyarse es en modelos, personas de referencia que configuren ejemplos reales y no idealizados, ejemplos de que sí se puede. Trabajar la autoestima, la autoconfianza, rodearse de un entorno en el que dejar de ser invisibles, en el que salir de la crisálida, sabiendo que pueden, que tienen derecho y que han nacido para volar.

Gracias Rosabel Rodríguez por tu pasión, por tu calidez, por tu talento y por construir el camino, por abrir una maravillosa ventana donde solo parecía haber un sólido e infranqueable muro ¡Gracias!

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autodidacta

Autodidacta

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Si no puedes vencerlos ¡Únete a ellos! decía el emperador Constantino. La verdad es que no recordaba quién había dicho la frase pero uno puede permitirse no recordar hoy en día porque hay tanta información tan al alcance. Partiendo de esta simple afirmación se pueden concluir varias cosas ¿Qué sentido tiene seguir aprendiendo las cosas de la misma manera que antes de que existiera Internet? ¿De qué sirve recordar innumerables datos si podríamos usar nuestra energía, tiempo y capacidad para interpretarlos, relacionarlos, para procesar, explorar, crear? ¿Para qué se toman los mismos exámenes que se tomaban antes, cuando no había manera de acceder a los datos si no era recordándolos? ¿Cómo es posible que sigamos intentando memorizar los nombres de todos los ríos de Europa y las capitales del mundo y las declinaciones de los pronombres en latín? ¿Para qué?

No estoy de acuerdo con la frase de Constantino. Creo que hay otras opciones fuera del binomio: vencer o unirse. Creo que hay un modo de ser y estar que no es luchando o adaptándose, que no es definiéndose, que no es decidiendo vivir con o contra algo. Igual Constantino quería decir otra cosa, pero en este momento la frase me lleva a pensar en el sistema educativo, en el hecho de aprender y en el autodidactismo. En superar la fase de frustración e inadaptación, en dar un paso al costado en vez de ir hacia adelante o hacia atrás; en buscar un camino alternativo.

Si nos preguntamos cómo aprende cada persona, no sólo qué le motiva a buscar el conocimiento, sino profundamente; no por obligación o por miedo a las consecuencias, sino de qué manera una persona se siente llamada a conocer, a buscar soluciones, a enfrentar el reto. Si en vez de preguntarnos qué, cuánto y cómo nos preguntáramos por qué, para qué, hacia dónde, desde dónde, puede que esas preguntas, no ya las respuestas sino las preguntas mismas, fueran las que trazaran el camino.

El sistema educativo nos dice qué, cuándo, cuánto y cómo. Pero el por qué y el para qué no suelen ser muy convincentes ¿Por qué? Porque es tu obligación. Y es tu obligación porque yo lo digo ¿Para qué? Para ser alguien, para conseguir un buen trabajo y ganar dinero y forjar tu futuro y ser útil a la sociedad. No creo que ningún estudiante, o casi ninguno, pueda apropiarse con demasiada alegría de estas respuestas ¿Y si pudiéramos, si fuéramos capaces de encontrar nuestro propio por qué y para qué? ¿Y si tuviéramos la libertad de decidir el qué y el cómo?

Y acá aparecen algunos temas interesantes. Y entramos en el territorio de las altas capacidades y la frecuente sensación de estar fuera de lugar y perder interés y acumular frustración y aburrimiento y desaprovechar en consecuencia toda la energía y la curiosidad intentando encajar en patrones extraños e incompatibles. Si un niño que ama la música y tiene oído absoluto deja las clases de piano y solfeo. Si un niño que ama el color y el dibujo y diseñar logos y tipografías y máquinas y personajes suspende plástica año tras año. Si un niño con una gran destreza física y una energía desbordante abandona sistemáticamente toda actividad deportiva y se niega rotundamente a iniciar o probar ninguna más. Si un niño que escribe páginas y páginas de un código que es una combinación de html, fórmulas matemáticas, gramática inglesa y script de hackeo deja sus clases de Unity. Si un niño que se queda fascinado con los documentales y animaciones sobre virus, bacterias, plagas letales, vacunas y nuevas generaciones de antibióticos suspende los exámenes de ciencias ¿No deberíamos pensar que lo que está fallando es el método? ¿No sería muy ridículo, incómodo e inaceptable que nos hicieran vestir a todos con la misma ropa, del mismo color y la misma talla? ¿Por qué entonces intentamos hacer eso con la educación? ¿Y evaluamos en función de ese patrón marginando, castigando, etiquetando a quien la camiseta le va muy larga de mangas o es incapaz de subirse la cremallera?

Desde el momento en que se descubre, amplía y complejiza el conocimiento sobre el cerebro humano y se toma conciencia de la existencia de múltiples inteligencias no catalogables, estandarizables ni medibles en base a una batería de tests de enfoque mayoritariamente lógico-matemático y esa ampliación del abanico fundamenta la teoría de que existen también muchos tipos de aprendizaje y se descubre que hay personas que tienen una mayor predisposición, facilidad y fluidez en su percepción auditiva y viso espacial que a través de los métodos clásicos, lineales y tradicionales de lectura, escritura y memorización. Desde ese mismo momento deberíamos plantearnos un cambio.

Abundan los ejemplos de personas increíblemente capaces, brillantes y creativas que de haber definido su valía y trazado su camino según las normas de lo establecido, según la opinión de sus profesores y la estructura de un sistema en el que no conseguían encajar, no solo hubieran estado destinadas al fracaso y la mediocridad, sino que nos hubieran privado de su mirada, de su obra y de su genialidad: Albert Einstein, Leonardo Da Vinci, Mozart, Isaac Newton, Galileo Galilei, Stephen Hawking, Agatha Christie, Arquímedes, Ray Bradbury, José Saramago, Stanley Kubrick, Jimmy Hendrix, Basquiat. Todos autodidactas. Hay veces que para el talento o la originalidad de un individuo sencillamente no existe todavía un sistema capaz de categorizarlo, validarlo o comprenderlo. E impedirle pensar, aprender, ser y hacer “a su manera” es cometer un error imperdonable.

Así que prefiero las palabras de Gloria Fuertes a las del emperador…

“Me dijeron: – O te subes al carro o tendrás que empujarlo. – Ni me subí ni lo empujé. Me senté en la cuneta y alrededor de mí, a su debido tiempo, brotaron las amapolas.”

Para ampliar sobre Autodidactismo y Superdotación un artículo de MomToGifted con un interesante análisis sobre los elementos que diferencian una manera de aprender innovadora y holística del típico y estructurado aprendizaje reglado y secuencial.

https://momtogifted.wordpress.com/2016/05/29/the-rydkvist-group-y-el-autodidactismo-del-superdotado/

En este artículo publicado en el blog de La Rebelión del Talento se abordan técnicas, consejos y recursos alternativos a los métodos tradicionales y especialmente apropiados para aprendices visoespaciales.

https://aacclarebeliondeltalento.com/2017/05/27/odio-leer-odio-escribir/

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