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Motivarnos cada día

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El de hoy será un artículo en primera persona. Y espero desde la primera persona llegar a otras primeras personas, y buscar maneras y respuestas y caminos.

Y no se trata de exponer un tema investigado o compilado a partir de otros artículos sino de una situación presente, diaria, y en la que quizás haya más preguntas que respuestas, dudas que certezas, intuición que verdad; y la necesidad de sentir que voy bien, aunque por momentos parezca que el horizonte no muestra demasiada claridad.

Tengo tantos recuerdos de no adaptación al sistema educativo de mi hijo desde que empezó infantil que no sé bien por donde empezar. Ahora mismo acaba de empezar el Instituto y a pesar de que me llena de orgullo ver cómo hizo un gran cambio a la hora de empezar la mañana, preparar sus cosas, estar listo en la puerta habiendo desayunado, con los dientes lavados, el pelo medianamente acomodado, los cordones atados, la sudadera puesta y la mochila colgando de los hombros cinco minutos antes de la hora -cosa que me hubiera parecido un logro inconcebible año tras año y día tras día durante la primaria- y a pesar de ir con entusiasmo y haberse integrado con el grupo de su clase, a pesar de que lleva la agenda al día y toma apuntes y presta atención y hace la tarea antes de encender el ordenador…no es suficiente. El choque es muy grande. Me pregunto por qué si pasa de primaria a secundaria del mismo sistema educativo público y bilingüe, en la misma ciudad, al instituto que le reservaba la plaza, el que le daba continuidad entre ambos ciclos ¿No había una manera de prepararlo? ¿No había una manera de implementar una transición? ¿No era más importante prepararlo para este cambio que aprobar las pruebas de la Comunidad de Madrid? ¿No era primordial enseñarle técnicas de estudio antes que repasar los mismos contenidos otra vez como si sexto fuera un repaso de quinto y cuarto de primaria?

Y digo no es suficiente porque a pesar de saber los contenidos, y haberme explicado antes del examen los agujeros negros y las galaxias y la rotación de la tierra en inglés con un vocabulario asombroso y una pronunciación maravillosa, la primera semana de exámenes volvió con una cadena de suspensos. Y me pregunto si esa es la manera de adaptarlos. Dándoles el mensaje de bienvenida de que no lo están haciendo bien. Sinceramente no me preocupan las notas, ni los suspensos, lo que me preocupa es ese mensaje tan claro de que lo que está haciendo no se acerca ni remotamente a ser lo que se espera.

Y no puedo evitar recordar a su maestra de infantil que golpeaba la mesa y le decía: ¡tra-ba-ja! Y le regañaba por dibujar naves espaciales en vez de colorear el círculo grande de amarillo y el pequeño de rojo y gracias a la cual dejó de dibujar y recortar porque estaba harto de que le dijeran que lo hacía siempre mal.

Y no puedo evitar recordar a su maestro de primero de primaria que le daba con los nudillos en la cabeza y le preguntaba ¿tú eres tonto? por no haber llevado la tarea o haberse olvidado el libro. El mismo profesor que cogía a sus compañeros de la camiseta y les sacudía porque no le hacían caso. El que me pidió permiso para evaluarlo por el equipo de orientación porque mi hijo era muy distraído y desobediente y se dormía sobre el pupitre y no paraba de levantarse y hacer chistes y reírse en clase. Y creía que tenía hiperactividad, déficit de atención, o ambas. Pero no, resultó ser que mi hijo tenía altas capacidades. Pero para el profesor seguía siendo un incordio, un niño difícil, molesto e impertinente que sacudía mucho las manos y se distraía con el zumbido de una mosca, y hacía demasiadas preguntas.

Y no puedo evitar recordar sus casi suspensos en plástica cuando en casa llenó resmas enteras de papel diseñando comics y máquinas y cadenas de montaje y pistolas supersónicas y transformaciones antropomórficas y logos para marcas de coches y tuneos flipantes para el Clío. Pero claro, no era capaz de hacer lo que tenía que hacer, lo que la profe quería, no se ajustaba a la consigna, no hacía lo que se esperaba de él, que era que pasara por el tubo, que fuera estándar, que siguiera las reglas, que se estuviera quieto y que hiciera bolitas de papel morado hasta llenar toda una cartulina A4 en franjas uniformes de 10 centímetros de ancho.

Y no puedo evitar recordar que se pasó todo primero de primaria volviendo de clase y contándonos que en realidad el cole no era un cole normal y corriente, que era un cole de magia, y que a media mañana se había escondido en un cuartito donde guarda sus cosas el conserje para atacar con un amigo al basilisco, y que no había otra forma de subir a la primera planta que poniéndose unas botas de propulsión y activándolas cuando sonaba el timbre. Y se me estrujó el corazón un tiempo después cuando leí un artículo que explicaba que muchas veces esa construcción desbordante de un mundo de fantasía la generan para protegerse de una realidad que no pueden comprender, aceptar y sobrellevar, y de la que se sienten completamente ajenos.

Y ahora pienso ¿Cómo motivarle? Porque tiene una curiosidad infinita y una capacidad deslumbrante y un razonamiento tan complejo y unas ideas tan divertidas y sorprendentes ¿Cómo decirle que tendrá que adaptarse él? Que el mundo no se acomodará a su gusto, sino que será él el que tendrá que aceptar las reglas. Y que la mayoría de las veces no las entenderá, le parecerán absurdas y obsoletas, injustas, y que claro que podrá expresar su opinión, pero al final no le quedará más remedio que obedecer al profesor y responder las preguntas del examen como le pidan porque sino seguirá acumulando suspensos. Aunque se pase la tarde viendo documentales sobre el origen del universo o invente una nueva manera de hacer las divisiones con decimales tendrá que responder las mismas palabras que vienen en el recuadrito naranja de la página 35 sin olvidarse bajo ningún concepto de las que vienen en negrita, y tendrá que mostrar que sabe dividir de la manera que se le pide.

Y no puedo evitar recordar cómo fue dejando todas las actividades extraescolares porque, aunque la actividad en sí le entusiasmaba o se le daba bien e incluso de maravilla, no podía soportar la frustración y el aburrimiento y el hastío asociados al método, al enfoque, y demasiadas veces a la falta de interés y pasión del profesor o de su autoritarismo. Tirando a los niños al agua aunque estuvieran muertos de frío o de miedo y acomodando las distancias entre unos y otros con una vara metálica y sin meter ni un pie en la piscina. A los gritos como si se tratara de la copa del mundo y dejándolo en el banco por no estar lo suficientemente atento a la hora de defender la portería en los partidos de fútbol. Repitiendo durante meses las cinco notas de…debajo un botón, tón, tón; y aprendiendo piano con los mismos cuadernillos que fotocopiaba la profe hace 30 años.

Y sinceramente no extiendo todos estos recuerdos a modo de queja, porque suelo tomar la realidad e intentar mostrarle que el mundo no está hecho a medida y hay que aprender a encontrar la manera de adaptarse sin perder la propia identidad, de aportar y responder sin que eso signifique encajar o reprimirse, encontrar el lado positivo y hacer las cosas por el simple hecho de aprender, de conseguirlas, por la satisfacción de ver el trabajo terminado, por el saber que hay detrás, y no por miedo al castigo o por sacárselo de encima para poder encender el ordenador, sino por desarrollar la capacidad de empatizar y de conectar con el otro, porque el otro siempre es un universo inalcanzable e incomprensible y es nuestro reto y una fuente de aprendizaje y satisfacción y casi uno de los objetivos fundamentales de la vida; sintonizar, compartir, conseguir relacionarnos desde nuestras similitudes pero sobretodo desde nuestras diferencias.

Pero es difícil. Porque quiera o no el sistema está diseñado en vertical. No existe verdadera igualdad, aunque nos llenemos la boca hablando del respeto, la diversidad y la inclusión. Al final el sistema educativo, y más tarde se enfrentará al mundo laboral, tienen un bonito cartel encima…pero cuando atravesamos el umbral, aunque en clase de valores nos digan que equivocarse está bien y que no pasa nada, y que cada uno tiene derecho a ser como es y a pensar y opinar lo que crea oportuno, en la práctica eso no es verdad. Una profesora que puede decir a tu hijo (cuando pregunta los antónimos y tu hijo le responde materia y antimateria) que la antimateria no existe, que de dónde sacó eso…esa misma profesora que esperaba que respondiera: alto y bajo o gordo y flaco, es la que le puede poner el suspenso. Y no solo se lo puede poner, sino que se lo pondrá.

Me pregunto cómo se compatibiliza la curiosidad, la energía desbordante, la creatividad, las ansias de conocer, el pensamiento arborescente, la divergencia y capacidad de interrelacionar temas diversos, la pasión, la originalidad, la necesidad de descubrir métodos y ritmos propios con un sistema que nos quiere idénticos, que fabrica réplicas, que nos compara con un patrón estándar y nos juzga de acuerdo a nuestra semejanza o distancia del mismo, como en esas actividades tan entretenidas donde hay que encontrar las 5 diferencias entre dos ilustraciones ¿Y si no hay manera de comparar ambos dibujos? ¿Y si no se parecen en nada? ¿Y si un niño ni siquiera cabe en el recuadrito de 8 x 15, en los límites del recorte? ¿Fracasará? ¿Quién es el que fracasará? ¿Fracasará el niño? ¿Repetirá curso hasta que a fuerza de suspensos se convenza de que era mejor hacer caso y satisfacer al sistema y entrar en la maquinaria y volverse parte del engranaje? ¿Que era mejor eso que ser él mismo?

Y no bajo los brazos ni pierdo las esperanzas. Y sé que se trata de mirar la realidad desde nuestros propios ojos y no dejarnos opacar ni desmotivar. Y sé que al final todo se trata de hacer lo mejor que podamos con las cartas que nos tocan, con el entorno en el que nos movemos, con las personas con las que nos relacionamos y las situaciones que tenemos que afrontar. Y saber que sí, que tenemos que responder, pero que también tenemos derecho a innovar y a disentir, que tenemos que adaptarnos, pero también tenemos derecho a ser diferentes, y que tenemos derecho a equivocarnos, pero también a aprender del error, y que tenemos obligaciones y acatamos normas, pero también tenemos libertad. Y la libertad conlleva una gran responsabilidad y es la de afrontar las consecuencias de nuestros actos y de nuestras actitudes. Lo difícil es encontrar el equilibrio. Lo difícil es no perder el eje. Lo difícil es conseguir automotivarnos cada día, pintar todas las veces que sea necesario el muro desnudo que tenemos delante. Pintarlo de color.

 

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Muy oportuno, siguiendo el hilo de estos pensamientos, recordar la presentación de Ken Robinson en TED

¿Las escuelas matan la creatividad?

 

 

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Menos miedo y más diversión

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Esta semana los pitagóricos nos hemos puesto manos a la obra (y dedos y cabezas y emociones) y aprovechando la temática circundante con tantos zombies, vampiros, fantasmas y brujas dando vueltas nos animamos a elaborar pociones contra el miedo, a hacer potingues misteriosos, hemos inventado historias escalofriantes a luz de las velas y entre juegos, risas y mezclas pegajosas trabajamos la identificación y la gestión de los miedos en todas sus variantes ¡Hemos descubierto que el miedo tenía mucho que enseñarnos mientras nos lo pasábamos genial!
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Día Internacional de la Biblioteca

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Leemos en público. Leemos en privado. Leemos solos. Leemos acompañados. Leemos en voz alta. Leemos en silencio. Leemos para nosotros. Leemos para los otros. Leemos sentados. Leemos de pie. Leemos por placer. Leemos por obligación. Leemos y viajamos en el tiempo. Leemos y recorremos lugares remotos. Leemos y nos ponemos en la piel del otro. Leemos y gozamos. Leemos y sufrimos. Leemos y conocemos lo diferente. Leemos y nos conocemos a nosotros mismos. Leemos para aprender. Leemos para enseñar. Leemos para volar. Leemos para soñar. Leemos y tomamos conciencia. Leemos casi sin darnos cuenta. Leemos pensamientos. Leemos sentimientos. Leemos nombres, órdenes, derechos, carteles, precios, listas, marcas, novelas, poesías, prospectos, recetas, reglamentos, instrucciones, ensayos, cartas, noticias.

A continuación, cuatro edificios que tienen el placer y el honor de ser espacios dedicados especialmente a la lectura, y a guardar y proteger esos preciosos contenedores de páginas cargadas de vida que son los libros.

Biblioteca de Peckham, Londres

Alsop & Störmer

peckham peckham2

Esta biblioteca en el sureste de Londres ganó el Premio Stirling de Arquitectura en 2000. La decisión más significativa del proyecto fue la de ubicar la sala de lectura a 12 metros de altura liberando la planta baja para uso público al aire libre y generando un edificio escultórico con un gran atrio de acceso en abierto diálogo con el entorno urbano. Un prisma vertical de 5 plantas en el lado norte aloja las circulaciones, servicios, oficinas, aulas y zona multimedia. Encima, y buscando las mejores vistas a la vez que se aleja del bullicio de la calle, se apoya el volumen principal que alberga la sala de lectura y 3 piezas orgánicas donde se ubican la biblioteca infantil, una sala de debate y un espacio especialmente dedicado a literatura africana.

Biblioteca de Seattle, Washington

Rem Koolhaas

Seattle seattle2

La propuesta de OMA para Seattle redefine el concepto de lo que es una biblioteca, cómo funciona, y la manera en que se plantea afrontar futuras ampliaciones o cambios en las necesidades del programa. Su diseño rompe con la típica estanqueidad compartimentada de la biblioteca y genera un espacio diáfano y multifuncional donde todo tipo de medios tiene cabida. Se erige como un organismo vivo que reordena y cataloga la colección en una cinta continua ascendente y en la que el acceso a información, contenido, zonas de ocio, salas de estudio, y oferta de actividades aparecen con naturalidad a medida que se dibuja el recorrido. Flexibilidad, multifuncionalidad y dinamismo definen esta nueva manera de pensar la biblioteca.

Biblioteca de Vennesla, Noruega

Helen & Hard

Vennesla Vennesla2

Esta bellísima biblioteca y centro cultural en la ciudad noruega de Vennesla se integra con suave elegancia a la trama urbana. Al igual que otros proyectos del estudio de los nórdicos Helen & Hard el edificio está pensado para consumir el mínimo de energía y está calificado como clase A por su eficiencia energética y conciencia medioambiental. 27 cintas de madera laminada definen la identidad del proyecto: resuelven el espacio principal, definen la fachada, permiten el paso de la luz natural y protegen del sol, alojan las instalaciones de electricidad e iluminación, y se pliegan sobre si mismas para generar espacios de mayor privacidad e incluso para contener los libros de la colección.

Biblioteca de la Universidad de Filología, Berlín

Foster + Partners

berlin berlin2

La biblioteca de Norman Foster para la Universidad pública de Berlín reunía varios condicionantes. Debía englobar 11 bibliotecas universitarias que se encontraban separadas, formaba parte de un proyecto de ampliación y restauración del campus existente, a la vez que debía poner de manifiesto la innovación tecnológica, identidad morfológica y eficiencia energética que forman parte del sello personal de Foster + Partners. El edificio se posa como una crisálida de doble envolvente que resuelve la ventilación natural, aprovecha la luz solar y consigue reducir en un 35% la energía necesaria para su óptimo funcionamiento, iluminación y confort. Se ha ganado, y no en vano, el apodo de “El cerebro de Berlín” y es que, además de contener gran parte de los saberes de la ciudad, los comparte, cultiva y reproduce dentro de un contenedor casualmente alegórico.

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