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Síndrome del Impostor

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¿Qué es el Síndrome del Impostor y por qué está asociado a las altas capacidades? Aunque el oráculo de Delfos respondía: “Sócrates” a la pregunta ¿quién es el hombre más sabio de Grecia?, ese mismo hombre fue quien pronunció la famosa frase que hemos oído hasta el cansancio: “Sólo sé que no sé nada.” Pareciera que existe una relación directa entre la sabiduría y la inseguridad acerca de la propia capacidad o valía. Eso venimos a llamar Síndrome del Impostor, y es muy frecuente en las personas con altas capacidades.

Porque muy habitualmente las personas cuyo modo de pensar y estructurar el conocimiento es más profundo y complejo tienden a ser mucho más conscientes de todo lo que nunca llegarán a saber. La abrumadora e intrincada capacidad para asimilar, gestionar e interrelacionar información o cualquier tipo de estímulo en una persona con altas capacidades hace que la conciencia de lo que queda por ver, aprender o conocer sea también igualmente abrumadora.

Imaginemos por un momento una estantería. Una estantería para colocar libros. Ahora imaginemos que en el frente de la primera balda hay un pequeño cartel que pone: “Historia”. Y ahora coloquemos unos cuántos libros de historia universal, historia antigua e historia contemporánea en las baldas, hasta llenar casi en un 80% las estanterías ¿A que es una imagen fácil de imaginar? ¿A que da una cierta sensación de control y de claridad? Estamos ante una biblioteca especializada en Historia. Muy bien.

Ahora vamos a imaginarnos otra cosa. Partimos de la misma imagen inicial. Una estantería para colocar libros. Y el pequeño cartel que pone “Historia”, también. Pero ahora hagamos de cuenta que nos alejamos un poco y que empiezan a aparecer más estanterías. A ambos lados de la estantería inicial. Y que después de alejarnos un poco más vemos que hay varias plantas llenas de estanterías. Y si nos fijamos bien cada cierta cantidad de estanterías surgen pasillos en los que hay más y más estanterías que fugan al infinito. Y si volvemos a acercarnos para mirar las baldas vemos que hay carteles por todas partes. Ya no solo ponen “Historia” sino que son más específicos: Historia universal, Historia antigua, Historia contemporánea, sí. Pero también Historia de la literatura, Historia del arte, Historia de las mujeres, Historia de las religiones, Historia de la belleza, Historia de España, Historia comparada del arte y la literatura, Historia de la arquitectura, y dentro de cada uno, subcategorías y dentro de ellas otras más. Y temas cada vez más acotados y específicos pero que no dejan de ser libros de Historia, relacionados con la historia, complementarios, interdisciplinarios, afines, ilustrados, comentados, en otras lenguas, prohibidos, censurados, premiados, más vendidos, olvidados, primeras ediciones, descatalogados, inéditos…Y así podríamos seguir, y los siguientes pertenecerían a esas estanterías que fugan en perspectiva fuera de nuestro campo visual ¿A qué esta imagen ya no es tan fácil de imaginar? ¿A que no da precisamente una sensación de control o claridad sino más bien cierta angustia y ansiedad?

Si juzgamos objetivamente, podríamos afirmar que una persona que hubiera leído y tuviera un cierto manejo y habilidad en recordar, transmitir y relacionar los contenidos incluidos en esa primera estantería, la primera que imaginamos, la que estaba llena en un 80%, podría llamarse un experto o al menos un conocedor de la materia ¿No es así? Muy bien. Una persona con altas capacidades, en vez de centrarse en esa estantería que controla y conoce completamente, no puede dejar de imaginar todas esas estanterías que nunca llegará a leer, que jamás llegará a conocer; todos esos pasillos que fugan al infinito y todos esos carteles con las categorías y subcategorías que no llegará a saber ni siquiera que existen. Pasillos enteros. Alas completas de una biblioteca inconmensurable que no podrá abarcar. Y solo de Historia.

Así nace el Síndrome del Impostor. Y de ahí surge también la afirmación de Sócrates. Cuanto más compleja es la estructura del pensamiento, mayor es la sensación de ignorancia, y no solo de ignorancia sino de absoluta y concreta incapacidad para adquirir todo el conocimiento necesario, deseable, existente para definirse como experto o conocedor. Y no hay que minimizar el ingrediente de la insaciable sed de conocimiento de las personas con altas capacidades. Y tampoco olvidar su altísimo perfeccionismo y la consiguiente frustración.

Así tenemos todos los ingredientes necesarios para preparar el síndrome ¿Por qué se llama Síndrome del Impostor? Porque sea cual sea su formación, y sea cual sea el grado y la amplitud y la profundidad del conocimiento y la experiencia en relación a un tema, a un ámbito, a una profesión o actividad, la conciencia de las personas con altas capacidades de todo lo que les queda por saber -y les será humanamente imposible aprender- les hace sentir siempre farsantes, fraudes, ineptos, impostores.

No es extraño encontrar a una persona con altas capacidades haciendo cálculos sobre los libros que es capaz de leer en una semana y multiplicando por 52,1419 y después por los años que por estadística le quedan por vivir (sin entrar en detalle acerca de los datos que pueden llegar a entrar en el cálculo para estimar la esperanza de vida) para posteriormente sentir una enorme desesperanza al constatar la inmensa cantidad de libros que nunca jamás llegarán a leer. Lo mismo puede ocurrir al entrar a una biblioteca o ver los resultados que devuelve una búsqueda en internet. Una mezcla de placer, curiosidad y fascinación mezclados con vacío, frustración, ansiedad y tristeza. La conciencia irrefutable que construye la frase: “Sólo sé que no sé nada.”

¿Cómo se puede afrontar y minimizar esa sensación de inseguridad y fraude que llamamos Síndrome del Impostor? Es importante trabajar en la autoconfianza. Conocer y valorar los logros, las capacidades, las destrezas, el conocimiento y la experiencia que se tiene. No es posible para una persona con una gran autoconciencia y enorme capacidad crítica dejar de ver lo que le falta, dejar de enfrentarse a una realidad muchas veces abrumadora e inabarcable, pero es importante y sí es posible aprender a enfocar la mirada para potenciar esa capacidad y centrarla en esa porción de la realidad que constata y sostiene los aspectos positivos, confirma y recuerda los objetivos alcanzados. Porque eso, al igual que las estanterías vacías y las inalcanzables, también es verdad.

 

Texto original de Carolina Borgesi

 

Aquí algunos otros artículos sobre la relación entre altas capacidades y el Síndrome del Impostor:

https://vidadecebra.jimdo.com/2015/09/08/s%C3%ADndrome-del-impostor-y-superdotaci%C3%B3n/

https://lamenteesmaravillosa.com/el-sindrome-del-impostor-cuando-saber-demasiado-nos-da-inseguridad/

Y más artículos sobre altas capacidades en nuestro blog:

http://altascapacidadespitagoras.com/blog/

bajo las estrellas

Reunión pitagórica bajo las estrellas

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Para los que no pudieron venir. Para los que vinieron y quieren recordar. Para los que nos leen y se asoman a nuestras experiencias a la distancia y a destiempo, nuestra reunión pitagórica del pasado sábado 16 de junio bajo las estrellas merece ser narrada.

A pesar del atasco a la salida de Aranjuez con la carretera de Andalucía cortada a la altura de la Mariblanca, la oscuridad del Camino de las Aves a Sotomayor en que de día avanzamos con soltura y esa noche nos preguntábamos si habíamos o no llegado ya a la Pavera, distracciones y despistes varios que nos llevan casi por inercia al Cortijo de San Isidro y la señal de 4G que amenazaba con dejarnos a merced de nuestro propio instinto para llegar al punto de encuentro conseguimos reunirnos con éxito en una maravillosa explanada bajo un cielo cada vez más oscuro y estrellado en la Finca de Sotomayor. Cada familia con su esterilla, linternas atenuadas de celofán rojo, algunos telescopios, punteros laser, galletas, bollitos de chocolate y muchas ganas de dejarnos deslumbrar por un cielo que casi no miramos y tenía mucho que enseñarnos. Sobre las 23.00 horas ya estábamos todos y preparados para hacer silencio y empezar a disfrutar del espectáculo que nos regala el universo cada noche y olvidamos que existe.

Empezamos mirando la luna creciente y aprendiendo a distinguir a simple vista aquellos puntos de luz más grandes, de una luminosidad intensa y constante: los planetas. A esas horas estaban claramente visibles Venus y Júpiter. Más tarde aparecería también Saturno en escena.

Algunos de nuestros jóvenes pitagóricos tenían mucho que contar. Lo que sabían, lo que habían investigado especialmente para la ocasión y lo que se preguntaban y dejaba abierta la puerta de la curiosidad para seguir más tarde en casa.

Hablamos de cómo las constelaciones eran de alguna manera una convención que se había fijado hace mucho tiempo y que probablemente si tuviéramos que nombrar hoy en día, veríamos de otra manera. Distintas culturas y en distintas épocas se habían sentido atraídas por las estrellas y habían visto en esas agrupaciones de estrellas reflejos de su realidad, de sus mitos y de sus dioses. Se habían valido de ellas para orientarse y habían explicado su presencia y sus movimientos a través de historias cargadas de significado y misticismo. Esa necesidad primordial de los hombres de sentirse protegidos, acompañados y de encontrar un propósito y una explicación a la existencia nos había llevado a agrupar esos mágicos puntos de luz en la oscuridad como si se tratara de un lienzo en dos dimensiones, aunque en la realidad estuvieran a una infinita distancia, a cientos de años luz unos de otros.

Justo sobre nosotros, en esa privilegiada noche despejada, el cielo de Aranjuez nos dejó disfrutar de la Osa mayor, una de las constelaciones más grandes y fáciles de divisar en el hemisferio norte. A partir de sus dos estrellas finales y repitiendo la distancia entre ellas cinco veces encontramos la Osa menor. También la constelación del Dragón, la de Hércules, en la que nos detuvimos recordando al héroe mitológico y los doce trabajos que le designó Euristeo. Encontramos Escorpio, Casiopea, Perseo, la galaxia de Andrómeda y la constelación del Cuervo, entre otras. También hubo estrellas fugaces y nos sorprendimos al descubrir pequeñísimos puntos moviéndose a gran velocidad: los satélites artificiales. Es increíble pensar que si nos hubiéramos congregado la noche del 8 de febrero a las 21.50, uno de esos puntos luminosos avanzando encima de nuestras curiosas miradas podría haber sido la Estación Espacial Internacional.

Gracias a todos por esta experiencia. Deseando ya organizar la próxima noche pitagórica bajo las estrellas y con la curiosidad despierta hacia esa fascinante realidad de la que somos parte: el universo a nuestro alrededor. Para los que tengan ganas de seguir aprendiendo e investigando, aquí dejamos algunos enlaces de interés sobre constelaciones, su importancia para las distintas culturas, seguimiento de satélites en tiempo real y aplicaciones para seguir explorando el cielo nocturno.

Las constelaciones según cada cultura

https://es.wikipedia.org/wiki/Constelaci%C3%B3n

Eclipses, cartas celestes, fases lunares y seguimiento de satélites en tiempo real

https://www.heavens-above.com/

Seguimiento de satélites artificiales y solicitud de alertas sobre la posición y conexión directa y en streaming HD con la ISS (Estación Espacial Internacional)

http://www.n2yo.com/

Google Sky, una herramienta similar a Google Earth pero en «Modo Cielo» que permite visualizar constelaciones, estrellas, galaxias, planetas y seguir sus órbitas en el tiempo y en el espacio

https://www.google.com/sky/

Para leer más artículos sobre Altas Capacidades visita nuestro blog

http://altascapacidadespitagoras.com/blog/

 

Pigmalión

Efecto Pigmalión y Altas Capacidades

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El mito de Pigmalión narra la historia de un escultor que, tras múltiples fracasos en materia amorosa, decide renunciar a la búsqueda de una mujer real a la que entregar su amor y se propone esculpir en mármol cuerpos femeninos que se acercaran al ideal que no había conseguido encontrar. Al acabar su última creación, a quien llamará Galatea, se siente profundamente atraído y se enamora de ella. Afrodita, conmovida por la tristeza y soledad de Pigmalión y por la sincera intensidad de su naciente y platónico amor, se compadece y decide poner fin al sufrimiento del escultor dando vida a Galatea.

Como en otras tantas ocasiones, la psicología se ha valido de los personajes mitológicos y sus historias para explicar y comprender algunos patrones de conducta y trampas emocionales que a menudo condicionan nuestras vidas. En relación con el mito de Pigmalión se puede hablar del llamado efecto Pigmalión y sus puntos de contacto con la profecía autocumplida.

Llamamos efecto Pigmalión al resultado que tiene sobre el comportamiento y la imagen de sí mismo que pueden tener las expectativas, las exigencias y las afirmaciones que se hagan sobre una persona, principalmente por parte de sus padres y maestros durante la infancia. Al final, a fuerza de escuchar lo que los demás ven, lo que los demás interpretan y esperan de nosotros, y guiados por la necesidad primordial de aceptación y amor, terminamos amoldándonos, encajando, cumpliendo con esos designios, aunque no sean verdad. Preferimos ser lo que los demás esperan de nosotros mismos que pagar el precio de la soledad y la incomprensión. Pero, para cuando se tiene madurez, conciencia y autoestima suficientes, puede ser ya demasiado tarde.

En relación a las altas capacidades se da muchas veces el llamado efecto Pigmalión negativo, que no es otra cosa que la mímesis que sufren los niños y niñas de altas capacidades al ver su identidad, su valía y sus necesidades totalmente desatendidas, subestimadas e ignoradas. Terminan cumpliendo con la imagen, el rol y patrón de comportamiento que se espera de ellos, aunque esto los aleje dolorosamente de su naturaleza y de su ser, coarte su personalidad y reduzca enormemente el desarrollo de sus capacidades y talentos.

Lo más saludable sería, claro está, que la atención y tolerancia ante lo inusual y diferente, en el ámbito que sea, fuera una prioridad impostergable. Pero la realidad es que la inmensa mayoría de niños y niñas con altas capacidades siguen sin diagnosticar, y de la minoría que conoce su condición, un alto porcentaje sigue sufriendo las consecuencias de una sociedad y un sistema educativo que no están formados ni preparados para atender a sus demandas. El riesgo del efecto Pigmalión negativo aumenta con la adolescencia y puede acarrear desmotivación, frustración y una sensación de aislamiento e inadaptación que muchas veces deriva en ansiedad, depresión y en el fracaso escolar.

Es un derecho de todo niño manifestar su individualidad, su propia personalidad, inteligencia, creatividad, motivación e intereses sin tener que esconderse, amoldarse y mucho menos avergonzarse por eso.

La obra Las metamorfosis de Ovidio nos relata así el mito:

Pigmalión, en sueños, se dirigió a la estatua y, al tocarla, le pareció que estaba caliente, que el marfil se ablandaba y que, deponiendo su dureza, cedía a los dedos suavemente, como la cera del monte Himeto se ablanda bajo los rayos del Sol y se deja malear, tomando distintas formas, haciéndose más dócil. Al verlo, se llenó de un gran gozo mezclado de temor, creyendo que se engañaba a sí mismo. Volvió a tocar la estatua otra vez y se cercioró de que era un cuerpo flexible y que las venas latían al explorarlas con sus dedos.

Al despertar, Pigmalión se encontró con Afrodita, que conmovida le dijo «mereces la felicidad, una felicidad que tú mismo has creado. Aquí tienes a la mujer que has soñado. Ámala y defiéndela del mal».

Y así Galatea se volvió humana.

Ojalá la simbología del mito de Pigmalión solo encontrara sentido en la expresión de la propia personalidad, no idealizada ni guiada por el deseo de perfección, ni de un amor platónico dirigido hacia una fuente de felicidad externa a nosotros, anhelada y representada por el amor romántico como antídoto contra la soledad. Ojalá la simbología del mito nos llevara a la búsqueda de nosotros mismos. Y de transformarnos en ese ser que se forja y consolida a través del trabajo diario, un ser a quien amar y defender del mal.

Ojalá el único efecto Pigmalión que se aplicara al desarrollo infantil fuera el positivo, aquel que se produce cada vez que un padre, una madre, un maestro motivan y potencian la autoafirmación a través de la tolerancia, el respeto, la aceptación, la sinceridad, la confianza y el apoyo incondicional, únicos pilares sobre los que se consigue el desarrollo integro de la personalidad y el autoestima y se consigue encauzar y dar forma a la creatividad, la capacidad y el talento.

 

Texto original de Carolina Borgesi

 

Para leer un artículo sobre el efecto Pigmalión negativo y su relación con las altas capacidades publicado en el blog www.altascapacidadesytalentos.com puedes hacer clic aquí

Para leer más artículos sobre altas capacidades, la importancia del diagnóstico y la aceptación de la propia personalidad visita nuestro blog

 

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