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Día Internacional de la Biblioteca

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Leemos en público. Leemos en privado. Leemos solos. Leemos acompañados. Leemos en voz alta. Leemos en silencio. Leemos para nosotros. Leemos para los otros. Leemos sentados. Leemos de pie. Leemos por placer. Leemos por obligación. Leemos y viajamos en el tiempo. Leemos y recorremos lugares remotos. Leemos y nos ponemos en la piel del otro. Leemos y gozamos. Leemos y sufrimos. Leemos y conocemos lo diferente. Leemos y nos conocemos a nosotros mismos. Leemos para aprender. Leemos para enseñar. Leemos para volar. Leemos para soñar. Leemos y tomamos conciencia. Leemos casi sin darnos cuenta. Leemos pensamientos. Leemos sentimientos. Leemos nombres, órdenes, derechos, carteles, precios, listas, marcas, novelas, poesías, prospectos, recetas, reglamentos, instrucciones, ensayos, cartas, noticias.

A continuación, cuatro edificios que tienen el placer y el honor de ser espacios dedicados especialmente a la lectura, y a guardar y proteger esos preciosos contenedores de páginas cargadas de vida que son los libros.

Biblioteca de Peckham, Londres

Alsop & Störmer

peckham peckham2

Esta biblioteca en el sureste de Londres ganó el Premio Stirling de Arquitectura en 2000. La decisión más significativa del proyecto fue la de ubicar la sala de lectura a 12 metros de altura liberando la planta baja para uso público al aire libre y generando un edificio escultórico con un gran atrio de acceso en abierto diálogo con el entorno urbano. Un prisma vertical de 5 plantas en el lado norte aloja las circulaciones, servicios, oficinas, aulas y zona multimedia. Encima, y buscando las mejores vistas a la vez que se aleja del bullicio de la calle, se apoya el volumen principal que alberga la sala de lectura y 3 piezas orgánicas donde se ubican la biblioteca infantil, una sala de debate y un espacio especialmente dedicado a literatura africana.

Biblioteca de Seattle, Washington

Rem Koolhaas

Seattle seattle2

La propuesta de OMA para Seattle redefine el concepto de lo que es una biblioteca, cómo funciona, y la manera en que se plantea afrontar futuras ampliaciones o cambios en las necesidades del programa. Su diseño rompe con la típica estanqueidad compartimentada de la biblioteca y genera un espacio diáfano y multifuncional donde todo tipo de medios tiene cabida. Se erige como un organismo vivo que reordena y cataloga la colección en una cinta continua ascendente y en la que el acceso a información, contenido, zonas de ocio, salas de estudio, y oferta de actividades aparecen con naturalidad a medida que se dibuja el recorrido. Flexibilidad, multifuncionalidad y dinamismo definen esta nueva manera de pensar la biblioteca.

Biblioteca de Vennesla, Noruega

Helen & Hard

Vennesla Vennesla2

Esta bellísima biblioteca y centro cultural en la ciudad noruega de Vennesla se integra con suave elegancia a la trama urbana. Al igual que otros proyectos del estudio de los nórdicos Helen & Hard el edificio está pensado para consumir el mínimo de energía y está calificado como clase A por su eficiencia energética y conciencia medioambiental. 27 cintas de madera laminada definen la identidad del proyecto: resuelven el espacio principal, definen la fachada, permiten el paso de la luz natural y protegen del sol, alojan las instalaciones de electricidad e iluminación, y se pliegan sobre si mismas para generar espacios de mayor privacidad e incluso para contener los libros de la colección.

Biblioteca de la Universidad de Filología, Berlín

Foster + Partners

berlin berlin2

La biblioteca de Norman Foster para la Universidad pública de Berlín reunía varios condicionantes. Debía englobar 11 bibliotecas universitarias que se encontraban separadas, formaba parte de un proyecto de ampliación y restauración del campus existente, a la vez que debía poner de manifiesto la innovación tecnológica, identidad morfológica y eficiencia energética que forman parte del sello personal de Foster + Partners. El edificio se posa como una crisálida de doble envolvente que resuelve la ventilación natural, aprovecha la luz solar y consigue reducir en un 35% la energía necesaria para su óptimo funcionamiento, iluminación y confort. Se ha ganado, y no en vano, el apodo de “El cerebro de Berlín” y es que, además de contener gran parte de los saberes de la ciudad, los comparte, cultiva y reproduce dentro de un contenedor casualmente alegórico.

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disincronia en la educacion

El mundo se queda pequeño

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Se queda pequeño. La sensación de que el mundo se queda pequeño. De que las ideas, las ganas, el pensamiento, los proyectos, las emociones, las palabras, las imágenes en la cabeza, los sentimientos, de que todo lo que son y lo que llevan dentro y necesitan sacar son demasiado y no cabe en este mundo. Esa es una sensación recurrente en las personas con altas capacidades.

No son suficientes las horas en el día ni los segundos que hay en un minuto, para todo. No son suficientes los condicionantes, las características, los objetivos concretos para todo el aluvión de ideas asociadas y necesarias que desearían utilizar en una determinada tarea. No son suficientes las palabras, las letras, las reglas gramaticales para expresarlo todo. No son suficientes las personas alrededor, las relaciones, las miradas, los abrazos, las conversaciones para compartirlo todo, para dar todo, para amar todo lo que podrían amar. No son suficientes las calles, las puertas, las ventanas, los caminos, los medios, para ver lo que anhelan ver y llegar donde quisieran llegar.

Esa sensación permanente de ser demasiado y de que puede uno amoldarse un poco y recortarse un poco, y callarse un poco, y reprimirse un poco, y privarse un poco, y medirse un poco, y empequeñecerse un poco, y apagarse un poco, pero no tanto, pero no lo suficiente, y que lo que está al alcance controlar no será nunca todo lo necesario para al fin entrar, caber, encajar. Pero no por un poquito, no por unos milímetros, no por un margen posible de salvar, sino por mucho, demasiado.

Las personas con altas capacidades no viven en un mundo hecho a su medida. El mundo está hecho a imagen y semejanza y a escala y al alcance y acorde a la forma de una mayoría que muy poco tiene que ver con su modo de funcionar y pensar y sentir y actuar, y que cubre necesidades e interactúa simplemente de otra manera. Y así para todos los sistemas dentro del sistema. Y está bien, y es perfectamente entendible e inevitable que así sea. El sistema educativo, el aparato social, la maquinaria legal y el mercado laboral. Y todos los ámbitos y entornos en que estamos obligados y con los que debemos interactuar tienen una estructura y unas normas y una lógica y unos objetivos y una mecánica y un propósito y una forma y una manera y una filosofía que resultan ajenos, incomprensibles, insuficientes, extraños a una persona con altas capacidades.

La verdadera solución, si es lícito pensarlo de esa manera, está en dejar de intentar encajar y amoldarse, y aceptarlo como algo positivo y genuino, sencillamente porque no hay manera de hacerlo. Se dice que cuando un problema no tiene solución, entonces deja de ser un problema. Tal vez solo se trate de aceptar y asumir y actuar en consecuencia y dejar de poner esfuerzo en ser y parecer y hacer como si fuera algo a conseguir.

Las personas con altas capacidades no es que deban, o tengan derechoꓼ es que tienen la obligación de ser como son, de ser quienes son, de sentir como sienten y de poner su energía en fluir y crear a su manera. Porque este mundo podría llegar un día que nos quedara pequeño a todos. Porque si no hacemos otra cosa que encajar y amoldarnos no haremos más que apagarnos a tal punto en nuestra individualidad y en nuestro talento que terminaremos siendo réplicas operativas unos de los otros, piezas idénticas de un entramado infinito, inerte e inútil.

No hay necesidad de amoldarse y encajar. Porque amoldándose lo que hacemos no es encajar sino perder nuestra forma, negarnos, hacernos daño. Porque la libertad se encuentra cuando dejamos de ser lo que se espera de nosotros y nos atrevemos a ser lo que somos en realidad. No deberíamos hacer nunca menos de lo que podemos hacer. No deberíamos ser nunca menos de lo que podemos ser.

Quizás solo se trate de dejar de forzar. De luchar. De sufrir. Y darse cuenta de que no hace falta encajar. De que solo se trata de dejarse llevar y atreverse a ser.

 

Texto original de Carolina Borgesi

 

La vida está al otro lado del miedo | Miguel Angel Tobías & Gennet Corcuera | TEDxSevilla

https://www.youtube.com/watch?v=nmrRJammHqs

 

Más artículos sobre altas capacidades en nuestro blog:

http://altascapacidadespitagoras.com/blog/

 

Imagen editada de la portada del libro ‘El sentido de la vida’ de Jacques Després y Oscar Brenifier

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Envidia, tabú y altas capacidades

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Es muy difícil atreverse a hablar de la envidia. Es difícil que la gente asuma que es envidiosa. E igual de difícil es afirmar que nos sentimos envidiados. Con la envidia, al contrario que con el amor, no queremos estar en ningún rol. No queremos ni sentirla ni despertarla. Pero existe. Está ahí. Y mucho más cerca de lo que quisiéramos.

El tabú que desenmascararemos hoy en torno a las altas capacidades es el de la envidia. Porque siguen existiendo muchos tabúes en torno a las altas capacidades y gran parte de la tarea que se realiza al diagnosticar, concientizar y visibilizar va encaminada hacia la auotaceptación y el desarrollo de la identidad en sus múltiples facetas, hacia la autoconfianza y el descubrimiento del talento para vencer el perfeccionismo y la incertidumbre y llevar una vida plena. Pero los tabúes muchas veces agregan piedras en un camino que ya es bastante difícil de transitar. Y cuando hablamos de tabúes nos referimos a todos esos momentos incómodos en que las altas capacidades se vuelven un problema y nos preguntamos si es mejor hablar o seguir adentro del armario ¿Pensarán que me creo superior? ¿Se alejarán de mí? ¿Creerán que soy una persona inaccesible y complicada? ¿Pensarán que tengo complejo de superioridad? ¿Hará que me juzguen o me miren o esperen demasiado de mí? ¿Esperarán que sea el mejor en todo y tenga siempre la respuesta? ¿El rechazo será aun mayor si soy lento, cometo errores, me entusiasmo demasiado con algo o parezco tímido? Nadie quiere tener un cartel luminoso en la frente. De ninguna clase. Todos queremos ser normales ¿Por qué? Porque queremos ser parte. Queremos sentirnos comprendidos y valorados. Y si nos sale un cartel luminoso en la frente que nos diferencia, el riesgo de exclusión o prejuicio, y consiguiente aislamiento, siempre es mayor.

Las personas con altas capacidades tienen que aprender a convivir con la envidia, la mirada crítica y las exigencias del entorno. Y no siempre se tienen las herramientas y habilidades para convivir con eso y no acabar muy afectado a nivel psicológico y emocional. Las personas con altas capacidades no tienen la culpa de ser como son. Ni de ser buenos alumnos, cuando es el caso. Ni de tener más facilidad para entender las cosas o entender a los demás. Ni de su intensidad y sensibilidad, que muchas veces les hace brillar en ciertos entornos, sin ningún esfuerzo. Los padres de niños y niñas con altas capacidades tampoco tienen la culpa de que sus hijos sean como son. Y ni se sienten superiores ni sienten que sus hijos sean superiores a nadie ¿O no es perfectamente entendible estar orgulloso de un hijo que gana las pruebas de atletismo, o los concursos de pintura o los certámenes literarios? Pero cuando se trata de inteligencia, parece que se hieren las susceptibilidades y muchas personas se ponen a la defensiva o se sienten disminuidas y muestran lo peor de sí mismas.

Es muy frecuente que, por su mayor empatía, sensibilidad, autocrítica y la complejidad de sus pensamientos, una persona con altas capacidades que recibe gestos o manifestaciones de envidia se sienta culpable, cuestione su manera de ser o de dirigirse a los demás, se sienta herida y rechazada y se aísle. Se pregunte si habrá dicho algo que no estuvo del todo bien, si habrá hecho alarde de su capacidad sin darse cuenta, si estará siendo injusto con alguien, si no será mejor abstenerse de participar, opinar o continuar en ese grupo con tal de no incomodar a nadie y volver a sentirse expuesto.

Hay quienes hablan de envidia buena o envidia sana, como una variante menos problemática y hasta constructiva de ese espantoso pesar por el bien ajeno. Esta envidia buena o positiva sería la que nos ayuda a ver qué es eso que deseamos del otro y no tenemos o creemos no merecer, pero una vez conscientes de eso nos activa para conseguirlo, nos pone en marcha, nos motiva y nos hace dar cuenta que el otro no tiene la culpa de nada y que nosotros podemos tomar las riendas de nuestra vida y conseguir las cosas que deseamos. Pero la mayoría de las veces la envidia se presenta con su cara más cruel y despierta emociones y acciones destructivas para el que la siente y para el que la genera.

Como ocurre con casi todas las demás situaciones problemáticas que derivan de las relaciones humanas y la mala gestión de emociones y habilidades sociales, es importante aceptar que no podemos tener casi ningún control sobre lo que hagan o sientan los otros, mas que el que queda dentro de los márgenes de la ley, el sentido común o las normas básicas de convivencia, pero lo mas conveniente es aprender a manejar las propias emociones y habilidades para contrarrestar y sobrellevar la situación.

Los padres y madres de niños con altas capacidades, los propios niños y niñas, y desde luego los adultos con altas capacidades no tienen por qué sentir vergüenza ni pudor, no tienen por qué esconderse ni mantener su condición en secreto, no tienen por qué aislarse o camuflarse, reprimir su personalidad, apagarse o transformarse en nada que no son. Una persona alta. Una persona morena. Una persona de piel blanca. Una persona de voz aguda. Una persona delgada. Una persona baja, o rubia, o de piel negra o voz grave o complexión robusta ¿tienen que esconderse? ¿tienen que avergonzarse? ¿tienen que amoldarse? ¿tienen que camuflarse? ¿a que nos parece un poco ridículo? Las altas capacidades son una condición. No son ni una enfermedad ni un don. Son una realidad con la que algunas personas nacen y tienen que vivir. Como cualquier otra. Y tal vez sea la sociedad y no las personas la que les lleva a sentirse siempre fuera de lugar. Quizás sea esa estandarización o la tendencia a la competitividad y la búsqueda de la rentabilidad y la efectividad y la excelencia por encima de todo. Porque al final si en casa, si en la comunidad, si en el barrio, si en el colegio, si en la universidad, si en el club, si en el trabajo, si en todo ámbito y en todo contexto existiera verdaderamente igualdad, respeto y aceptación ¿sentiríamos envidia?

 

Texto original de Carolina Borgesi

 

Otros artículos sobre la envidia en torno a las altas capacidades:

https://aacclarebeliondeltalento.com/2015/07/13/porque-se-envidian-las-altas-capacidades/

http://www.europapress.es/chance/gente/noticia-lucia-etxebarria-drama-superdotados-grandes-desconocidos-20160304160038.html

 

Más artículos sobre altas capacidades en nuestro blog:

http://altascapacidadespitagoras.com/blog/

 

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