Pasarse de listo

By 9 mayo, 2019Sin categoría
pasarse de listo

El programa Comando Actualidad de Radio Televisión Española dedicó el pasado martes una emisión especial sobre altas capacidades intelectuales titulado: Pasarse de listo.

Nos parece muy positivo y necesario que se emitan programas sobre altas capacidades que ayuden a visibilizar y sensibilizar, que echen luz sobre la situación de los niños, jóvenes, adultos, familias y todas las partes implicadas en esta realidad que es mucho más difícil y compleja de lo que se cree y de lo que se ve a simple vista.

En este sentido, creemos importante exponer algunas impresiones generales sobre el programa que, aun teniendo la intención de exponer y clarificar, por momentos ha caído en los mismos estereotipos y tópicos que luchamos por desmontar, y ha sostenido algunos mitos que habría que erradicar por todos los medios posibles, ya que pueden ser muy contraproducentes.

El título en sí ya es bastante desafortunado. “Pasarse de listo” nos remite a la actitud de quien quiere sacar ventaja o presume de algún tipo de superioridad. Y justamente ambos tópicos son de los primeros que habría que intentar desligar de las altas capacidades. No hay superioridad. No hay ventaja. No hay presunción. No debería haberla.

En algunos casos da la impresión de que los niños han sido objetualizados, subidos a un pedestal por sus familias, o se los ha convertido en una especie de trofeo o atracción. Está claro que todo progenitor está -y tiene derecho a estar- orgulloso de sus hijos, pero puede ser muy peligroso y dañino que un niño sea tratado como una pieza de colección, una eminencia o una notoriedad. Son niños. Y ya no solo niños. Son personas. Da la impresión de que los propios adultos pueden llegar a alimentar el estereotipo y el niño, más allá de su capacidad, creatividad o talento, puede sentirse engrandecido y poderosamente atraído por ese trato especial y mágico del que disfruta y que más que ayudarlo a conocerse a sí mismo, lo transforma casi en un personaje.

No se hizo una distinción clara entre superdotación y alta capacidad. Se cayó muchas veces en la etiqueta del 130 de coeficiente intelectual. Se habló de alumnos brillantes. De notas altas. De superniños sin infancia que asisten a múltiples extraescolares cada día y que nunca se equivocan. Por momentos se siguió una línea con la que era muy difícil identificarse o empatizar, aun para personas y familias que viven las altas capacidades en primera persona. Se exacerbó por momentos esa idea de “nosotros” y “los otros”, que puede dar lugar a interpretaciones elitistas y que emana un cierto aire de superioridad que flaco favor hace a la hora de conseguir la sensibilización.

Muchos de los adultos que no fueron diagnosticados de pequeños sí que dieron un mensaje más apropiable y esclarecedor: tener altas capacidades no es un número que se obtiene en unas pruebas psicométricas; es una forma de sentir, de pensar, de ser, de estar en el mundo y que mientras no se sabe y no se nombra puede causar mucho aislamiento, incomprensión y dolor. No sirve de nada ir diciendo por ahí el número de CI. “No somos eso.”

Algunas frases muy acertadas giraron en torno al fracaso. Al fracaso no solo escolar y personal, sino familiar, social y humano en que pueden derivar las altas capacidades no diagnosticadas y no atendidas. Es un derecho no solo de los alumnos con altas capacidades sino de todos los niños recibir una educación que cubra sus necesidades y les ayude a desarrollar todo su potencial y su talento; y no una educación estandarizada y normalizadora que solo puede acertar en un mínimo porcentaje de los casos y que inevitablemente deja fuera a quienes tienen necesidades específicas porque están fuera de la media.

También fue muy acertado que se hablara de la mayor sensibilidad y vulnerabilidad psicológica y emocional asociada a las altas capacidades, la errónea identificación de alumnos con trastornos de atención cuando se trata de desconexión por aburrimiento y algunos datos: un 70% de alumnos rindiendo por debajo de su capacidad y entre un 30 y un 50% de niños sufriendo fracaso escolar; además de la falta de recursos, herramientas y formación del profesorado para atender a esta demanda.

Un punto sobre el que merece la pena reflexionar es la distinción entre frustración y fracaso escolar por aburrimiento o por desmotivación. Parece que si un niño se aburre la solución debería de estar en sus manos; se le puede culpar de no esforzarse lo suficiente o incluso llevarle a preguntarse si cree que a sus compañeros todo lo que tienen que hacer y estudiar les divierte enormemente. Esto puede hacerles sentir inadaptados, equivocados, rechazados, culpables, perezosos ¡con la inteligencia que tienen! …encima juzgados y exigidos. Pero si nos centramos en la motivación la historia cambia. Porque el profesor ha de saber motivar, porque no todos los niños tienen o desarrollarán por si mismos la habilidad de automotivarse todo el tiempo y a cada paso.

Otro punto muy relevante analiza cómo no responden al típico patrón de premios y castigos y de jerarquía y autoridad tan normalizados y extendidos en el ámbito escolar y académico. Ningún niño debería educarse a base de premios y castigos ni respetando una autoridad instaurada, erigida y sostenida a través del miedo. Pero en muchos niños, muy tristemente, esto todavía no solo se aplica, sino que funciona. En los niños con altas capacidades no solo es dañino sino completamente inútil. No solo causa dolor, sino que no funciona; no sirve. No solo los niños, todas las personas con altas capacidades necesitan una explicación, no pueden seguir órdenes o instrucciones que no tengan un sentido o una lógica. El respeto se construye a través de la empatía, la solidaridad, la coherencia, la admiración, el sentido de la justicia, la identificación; jamás por autoritarismo.

Creo que algunos puntos importantes a destacar son: la necesidad e importancia del diagnóstico, de la formación del profesorado, de la sensibilización y visibilización de esta realidad que puede ser tan disfuncional y problemática como cualquier otra necesidad especial desatendida. La idea de que la capacidad y el potencial no desarrollados y explorados se pierden y pueden llevar al fracaso y no solo un fracaso a nivel escolar sino personal, familiar y social. El alivio que genera entender. La importancia de aceptarse a sí mismo y de quitarse todas las etiquetas negativas acumuladas. La necesidad de redefinirlo todo y de atreverse a ser, a amar su esencia, a dejar de sentir el ser distintos como algo negativo y pasar a reivindicar su derecho a ser como son, maravillosamente distintos. Tan distintos como todos los demás.

Aquí el enlace directo al programa completo Comando Actualidad: Pasarse de listo.

http://www.rtve.es/alacarta/videos/comando-actualidad/comando-actualidad-pasarse-listo/5187519/

 

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