¡Nos fuimos al Botánico!

By 1 abril, 2019Sin categoría
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Sí. Es cierto. Pasamos la noche con un ojo abierto pensando si el despertador iba a sonar a horario o no. A nuestra madrugada le robaron una hora y juntarnos a las 9 era un acto heroico, pero a pesar del estrés ¡lo conseguimos! También nos sorprendió que el día estaba algo lluvioso; pero el Real Jardín Botánico de Madrid nos recibió maravillosamente y pasamos una mañana preciosa. No nos dará el espacio ni la memoria para reseñarlo todo, pero queremos describir algunas de las especies más llamativas que conocimos en el recorrido.

Empezamos la visita con los rododendros y seguimos con las camelias de las que aprendimos que, además de tener flores bellísimas, son las plantas de las que se extrae el té. Y no una sola clase de té sino varias: el té negro, el blanco, el verde, el amarillo y el oolong, entre otros. Por esta razón a la Camellia Sinensis puede llamársele también árbol de té.

Camelia
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Nos detuvimos después bajo el Árbol del amor (Cercis siliquastrum), también conocido como árbol de Judas y llamado así porque en el mito bíblico no queda claro si Judas se ahorcó en uno de estos árboles después de traicionar a Cristo. Árbol del amor se le llama por sus flores rosas y sus hojas en forma de corazón. Su madera, sin embargo, no es de buena calidad, se tuerce fácilmente y se descompone a la intemperie (cada uno puede sacar sus propias conclusiones). El suelo a su alrededor estaba alfombrado de florecitas rosadas, tarea llevada a cabo mayormente por las cotorras argentinas que extraen el néctar, pero sin comerse los pétalos.

arbolDelAmor
Lucía Hervás Hermida

Tuvimos la suerte de ver tulipanes en floración; aunque no sea un muy buen indicio, ya que las temperaturas no deberían ser todavía tan altas en esta época como para invitarlos a abrirse. Alguno sin pétalos nos permitió ver claramente y al desnudo las partes internas de la flor:  el pistilo, con su ovario, estilo y estigma; y los estambres masculinos a su alrededor. Aprendimos que las variedades nuevas sólo se pueden conseguir por reproducción sexual. Las flores se eligen y se polinizan artificialmente para obtener los híbridos. También nos enteramos de que la crisis del tulipán fue la primer gran burbuja económica que desató una debacle financiera en los Países Bajos allá por el 1637, cuando se llegaba a pagar por un bulbo exótico casi 10 veces el ingreso medio anual de un ciudadano holandés. Por desgracia no aprendimos y seguimos después con la bolsa y el ladrillo.

tulipanes
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Luego nos acercamos al tejo (Taxus Baccata), uno de los árboles singulares del jardín. Nos sorprendió saber que la única parte del árbol que no es tóxica es la carnosidad que crece en torno a las semillas; tan letales ellas, que con ingerir cuatro ya pueden provocarnos un paro cardíaco. Interesantes contradicciones nos enseñó este ejemplar: fue considerado sagrado por los celtas y de ahí la costumbre en el norte peninsular de plantarlo cerca de ermitas y cementerios. Por otra parte, recientemente se ha descubierto que tiene propiedades antitumorales y puede utilizarse en tratamientos contra el cáncer. También está relacionado con la frase “tirar los tejos” porque se cuenta que antiguamente (cuando no había WhatsApp) a la salida de la iglesia, los jóvenes se tiraban ramitas de tejo para llamar la atención y tener una excusa para entablar conversación. No faltan hoy en día los paladares arriesgados que hacen mermelada con el arilo escarlata que crece cubriendo sus semillas venenosas.

tejo
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Otro árbol singular del Real Jardín, de aproximadamente 230 años, es el Olmo (Ulmus minor) de enormes proporciones al que llaman “El pantalones” por la forma de sus dos ramas principales. Está recibiendo cuidados especiales porque lucha contra la grafiosis, una enfermedad fúngica que ya ha matado millones de estos árboles en todo el mundo y que propagan los escarabajos en sus patas traseras.

olmo
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Después de una inspiradora caminata entre las hierbas aromáticas observamos el árbol más longevo del parque. Un ciprés (Cupressus sempervirens) de 235 años. Símbolo de eternidad y apuntando al cielo, lo encontraremos siempre en los cementerios. Recientemente se ha descubierto su capacidad ignífuga, pudiendo utilizarse como cortafuegos natural. El ciprés tarda en arder hasta 7 veces más que otro tipo de árbol. Quizás ya conocieran esta propiedad los pueblos antiguos y de ahí derivara la simbología y su uso para proteger los recintos sagrados.

Ciprés
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Dentro del Invernadero recorrimos las distintas zonas climáticas y sus plantas exóticas. Desiertos. Bosques templados. Selvas tropicales. En el desierto aprendimos que solo se llaman cactus los que viven en América y que sus espinas son hojas adaptadas que se estrecharon para no deshidratarse además de, en segunda instancia, protegerles de los animales, al igual que la pelusa blanca presente en algunas especies funciona como aislante térmico y refleja la luz solar.

Invernadero desierto
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cactus
Lucía Hervás Hermida

En el recinto subtropical nos llamó la atención la Flor del pelícano (Aristolochia grandiflora) con sus enormes flores, unas de las más grandes del mundo. Originaria del Caribe son muy atractivas para los insectos. Las moscas penetran y pasan un día entero en su interior, saliendo luego cargadas de polen y preparadas para ayudar en la reproducción. También atraen a las mariposas y no solo las alimentan, sino que las protegen al cargarlas de toxinas que repelen a sus depredadores.

aristolchia grandiflora
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En la sección tropical, con el aire más cálido y húmedo de todo el invernadero, nos rodeamos de vegetación exuberante y vimos las diferentes conductas adaptativas que necesitan las plantas selváticas para sobrevivir principalmente al exceso de humedad, a la falta de luz y a los depredadores. La Caryota mitis, por ejemplo, es una palmera cuyas hojas parecen mordidas; pero es su forma natural. Esta irregularidad en la morfología indica a los predadores que no sabe bien o es venenosa ¿quién dejaría sino todas las hojas a medio comer? Luego nos detuvimos ante las plantas epífitas, como las orquídeas, que no necesitan tener las raíces en la tierra. Son plantas aéreas que gracias a esta adaptación consiguen más luz, a la vez que se alejan de los herbívoros terrestres. Se apoyan en otros vegetales de más altura, pero no se nutren de ellos.

Caryota mitis
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Anexo al nuevo edificio se encuentra el antiguo invernadero o Estufa de las Palmas, el primer recinto en el jardín que protegía las especies que no resistían las condiciones exteriores. Observamos aquí variedad de helechos, palmas y bananos.

Estufa Palmas
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banano
Lucía Hervás Hermida

Los niños, después de la visita guiada, participaron del taller: Paso a paso por el mundo vegetal, en el que con lupas y microscopios estudiaron distintos ejemplares y apuntaron sus experiencias en un cuaderno científico.

Los adultos, mientras tanto, visitamos la exposición del artista británico Mat Collishaw “Dialogues” en el Pabellón Villanueva del Real Jardín. Inquietantes diálogos entre arte y naturaleza en distintos formatos: fotografías, esculturas e instalaciones.

Estamos enormemente agradecidos a los guías y educadores del Jardín, a las familias pitagóricas y a la Comisión de Excursiones que hicieron posible esta maravillosa experiencia botánica.

¡Gracias!

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