Leonardo da Vinci

By 15 abril, 2019Sin categoría
Leonardo da Vinci

Este año 2019 se cumplen 500 años de la muerte de Leonardo da Vinci.

500 años. No es que sea lo más relevante pensar en la muerte de una persona valiosa y necesaria.

Sí puede serlo reflexionar sobre el hecho de que ya lleva cinco siglos sin pensar, sin inventar, sin crear, sin vivir.

Fue tal su producción; tan variada y ajena a este mundo, que seguirá vigente siempre. Maravillosa siempre.

Un 15 de abril, como hoy, nacía. Y probablemente ese día nadie se imaginara que en un solo ser humano podía caber tanta creatividad.

Podríamos pensar que una vida no es suficiente, y que un cuerpo y una psiquis no pueden alcanzar. Solo dos manos, dos ojos, dos hemisferios cerebrales. Tanto talento.

No sé si en este mundo, en el de hoy, habría sitio para Leonardo. Si una sola persona podría llegar a ser pintor, arquitecto, urbanista, escritor, poeta, filósofo, ingeniero, inventor, científico, médico, botánico, físico, químico, astrónomo, músico y matemático.

Lo imagino intentando adaptarse a la escuela, a la universidad, al mercado laboral, a la sociedad. Probablemente con múltiples diagnósticos y etiquetas marginantes y represoras pegadas en la frente y colgándole del cuello y llenando sus expedientes. Con certeza no hubiera podido desarrollar las múltiples disciplinas que le encendían y por las que sentía una apasionada curiosidad porque, autodidacta como era, no le hubieran dado acceso ni a la formación ni al ejercicio profesional.

No sé cuánto habrá de verdad en que fuera iletrado, disléxico y bipolar. Sí es cierto que tenía muchas faltas de ortografía y de sintaxis, y que incluso mezclaba distintas lenguas en un mismo texto. Que escribía con la mano izquierda utilizando el método especular. Que dejó muchas obras inconclusas por aburrimiento, frustración o falta de constancia. Que no recibió una educación formal y tampoco tuvo una estructura familiar muy sólida. Que fue desordenado, disperso, neurótico, ansioso, maníaco, obsesivo, y absolutamente genial.

Como nos choca que la frase termine así. Como estamos tan adiestrados para el pensamiento lineal y binario. Para el bien y el mal. Para el contraste. Para la necesidad de catalogar, encasillar y corregir. Para encauzar y moldear y estandarizarlo todo.

Qué enorme suerte tuvo Leonardo da Vinci. En su tiempo no existían los test de CI, ni el déficit de atención ni la hiperactividad. Ni la obligatoriedad de la enseñanza reglada, ni la interminable lista de requisitos y condiciones y prejuicios y trabas y rótulos y moldes y obstáculos para pensar, para hacer, para ser lo que cada uno necesite.

 

La obra de Leonardo da Vinci en Google Art Project.

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