Complejidad emocional y altas capacidades

By 13 julio, 2019Sin categoría
complejidad emocional

¿Cómo entender la complejidad emocional asociada a las altas capacidades?

Con demasiada frecuencia, el matiz emocional de las altas capacidades se pasa por alto. Alabamos la complejidad intelectual y rara vez contemplamos, y mucho menos loamos, la profundidad emocional que la acompaña.

La complejidad emocional adicional de los niños con altas capacidades se manifiesta de muchas maneras diferentes. No podemos afirmar que simplemente sientan “más” que los otros niños; en realidad sería más exacto decir que sienten “diferente”. Pueden experimentar una amplia gama de emociones -a veces todas al mismo tiempo- y lo hacen con una intensidad que lo abarca absolutamente todo. Para un niño con altas capacidades, el mundo es un lugar vívido y totalmente fascinante, y su impulso para experimentar todo lo que percibe a su alrededor es tan fuerte que puede llegar a ser abrumador.

La intensidad emocional se expresa y se siente de forma muy compleja y diversa:

Las emociones tienen una intensidad amplificada

Las emociones como la alegría y el amor, así como la tristeza y la ira, son especialmente fuertes y, a veces, todos los sentimientos pueden unirse o vagar de forma errática, sentirse simultáneamente o ir de un extremo a otro.

Las emociones se somatizan

Problemas estomacales, el corazón que se apaga o se acelera, el rubor en las mejillas y los dolores de cabeza pueden surgir de emociones intensas, y lo hacen con mayor facilidad y frecuencia en las personas con altas capacidades que en el resto de personas.

Existe mayor autoconciencia

Ser más intenso emocionalmente tiene la desventaja de acarrear a menudo una mayor conciencia de uno mismo, y de cómo uno puede ser percibido por los demás o afectarlos. Esto puede llevar a una mayor inhibición o timidez y, si no se gestiona correctamente, derivar en sentimientos de inferioridad debido a una frecuente y extrema autocrítica.

Aguda memoria afectiva

Los niños con altas capacidades recuerdan con mayor agudeza los eventos donde ha habido una implicación emocional y pueden revivirlos e incluso “volverlos a sentir” durante mucho tiempo después de que ocurrieran por primera vez.

Ansiedad aumentada

Existe una predisposición hacia la preocupación y la culpa que puede conducir a una sensación de pérdida de control.

Depresión y conciencia de la muerte

Muchos niños con altas capacidades afrontan los temas relacionados con la muerte y la pérdida a una edad muy temprana, cuando todavía no están preparados para enfrentar esos pensamientos. A menudo les conduce a temores existenciales, pesimismo y desesperanza.

Gran empatía y fuerte apego en sus relaciones

Los niños con altas capacidades se preocupan muy fácilmente por los demás y, a menudo, muestran una mayor sensibilidad en sus relaciones. Se unen con tanta fuerza a sus figuras de apego y a sus seres queridos que se vuelven extremadamente dependientes o, por preservarse, evitativos y propensos a la soledad. Estas cualidades, generalmente, desencadenan sufrimiento y son fuente de conflicto si no se comprenden adecuadamente.

Estos rasgos emocionales son muy comunes en los niños con altas capacidades, de hecho, se utilizan como un indicador en las pruebas de identificación. Las manifestaciones de complejidad emocional con frecuencia se interpretan erróneamente como signos de inestabilidad, y eso se debe en gran parte a esa creencia tan arraigada en la sociedad occidental que sugiere que las emociones y el intelecto son entidades separadas, estancas e incluso contradictorias. Las emociones, en todas las personas, se tratan con demasiada frecuencia como un lastre o una carga que debe ser regulada, domesticada, controlada y, en última instancia, reprimida.

Siguiendo esta visión limitada y desesperanzadora, muchas personas pasan por alto el hecho de que son nuestras alegrías y pasiones las que a menudo avivan nuestro deseo de ejercer nuestras capacidades intelectuales; de aprender, emprender proyectos, expresar ideas y crear grandes obras. Del mismo modo, ignorar este aspecto del talento a menudo lleva a niños y adultos con altas capacidades a sentirse alienados, como si estuvieran “locos”, y de esta manera terminan envueltos en intensos conflictos internos que les distraen de alcanzar su máximo potencial como individuos. Por lo tanto, tratar de separar o ignorar la complejidad emocional de la experiencia de la superdotación puede transformarse en un obstáculo y socavar la propia capacidad.

A los niños con altas capacidades se les debe enseñar a vivir su sensibilidad e intensidad como una parte normal, aceptable e indisoluble de su identidad. A los que les rodean también se les debe enseñar a ver el esquema emocional del niño como algo normal, y nunca ridiculizarlo por reaccionar enérgicamente ante cosas que pueden considerarse triviales. Realmente, a todos los niños se les debe enseñar a vivir su sensibilidad como un don, como una maravillosa habilidad, y nunca como una debilidad.

Facilitando un ambiente de crianza pleno de seguridad y aceptación podemos enseñar a los niños a aceptar sus emociones, evitando así que se sientan aislados, deprimidos y terminen siendo extremadamente autocríticos.

Todo esto no sugiere, de ninguna manera, que los niños con altas capacidades deban ser tratados como seres vulnerables, frágiles o delicados a los que no se puede guiar, disciplinar o criticar. La disciplina debe ejercerse de una manera acorde a su naturaleza: con confianza, amor, respeto, seguridad y calidez. No podemos esperar que un niño de altas capacidades acepte o respete una norma que no le parezca coherente, útil o justa.

Debemos alentarles a abrirse emocionalmente, y a expresar y comprender la intensidad de sus sentimientos. Cuando se abran, se debe practicar la “escucha activa” y no juzgar, interrumpir ni moralizar. De manera similar, nunca hay que invalidar o minimizar las emociones de un niño simplemente porque las encontremos incomprensibles o demasiado intensas; en cambio, debemos acompañarles y ayudarles a encontrar formas saludables de descargar esas emociones, muchas veces extremas.

Para mitigar las tendencias autocríticas puede ser útil no enfatizar demasiado en el rendimiento académico ni recompensar al niño por sus resultados en lugar de por su honesto compromiso o esfuerzo. No es bueno esperar un desempeño impecable o niveles altísimos de responsabilidad de un niño simplemente porque tenga altas capacidades, y hay que asegurarse de concentrar la atención siempre en sus fortalezas más que en sus debilidades.

Es normal que la crianza de un niño con altas capacidades parezca a veces una lucha interminable, pero, en lugar de reaccionar con frustración, es útil buscar información, apoyo, consejos y asesoramiento profesional si es necesario.

Debemos ayudar a los niños con altas capacidades y potenciar de manera efectiva, no solo que puedan aceptar su rico mundo interior, sino también abrazarlo y disfrutarlo. Esto los capacitará y les abrirá las puertas para explorar completamente sus capacidades, prosperar y perseguir sus sueños a lo largo de la vida.

Traducción de un artículo original de la Dra. Tali Shenfield, psicóloga infantil especializada en altas capacidades intelectuales, publicado en julio de 2016.

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