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Taller familiar de instrumentos musicales tradicionales

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El sábado pasado asistimos al taller de Instrumentos Musicales Tradicionales de Madrid y las dos Castillas que nos impartió Juan Rodríguez Tembleco, miembro y fundador del Grupo Aljibe.

Es difícil sentarse a escribir con una cierta y seria objetividad y quitarnos la sonrisa de la cara porque el taller, por sobre todas las cosas, ha sido una experiencia divertida, emotiva, cargada de cercanía, humor y complicidad. Y aunque se suele dejar siempre el agradecimiento para el párrafo final, no puedo dejar de agradecer desde el principio a Juan, porque hemos aprendido, y mucho; pero lo principal es que nos lo hemos pasado muy bien; hemos estado atentos, contentos y distendidos todo el tiempo, y a la hora de irnos nos hemos quedado con ganas de más, de haber oído todos los instrumentos, de haber escuchado más anécdotas y de haber cantado más rato.

Según nos contó Juan, los instrumentos que denominamos tradicionales son principalmente los que han sido ideados, creados, fabricados y utilizados por personas que no sabían nada de música, que no tenían una formación musical, y que en gran medida habían hecho nacer la música como una fuente de alegría y con lo que tuvieran a mano. En las cocinas, en torno a la lumbre, mientras se preparaba la comida o durante la sobremesa, se echaba mano de lo que había al alcance y se cantaba y se bailaba y se marcaba el ritmo con las palmas y con esos utensilios que poco a poco se fueron transformando en instrumentos musicales también. Entre ellos el almirez, el mortero, los palillos, la sartén.

A mí me llena de orgullo y satisfacción, y sabrán perdonarme, que mi pequeña Sofi haya tomado apuntes en su cuaderno y bajo el título “Música instrumentos favoritos antiguos” y el subtítulo “Palabras Raras” haya escrito: tradicionales, académica, intuición, repertorio, veladas, aerófonos, cordófonos, membranófonos e idiófonos.

También vimos los que, saliendo ya de la cocina y de la casa, se fabricaban y utilizaban con otros objetos encontrados puertas afuera durante el resto de la jornada y las tareas de pastoreo. Ahí estaban los que se hacían con trozos de madera, caña, huesos, cuernos, pieles de cabra y crines de caballo (y no de yegua, y los que no hayan estado en el taller tendrán que adivinar o averiguar el por qué).

Todos queríamos oír la gaita, el acordeón y la zanfona. Instrumentos más sofisticados, sí, y que se nos hacen más cercanos y conocidos. Y así aprendimos que gaita no es solo la de bolsa y tres tubos (y aprendimos también que muge como una vaca antes de sonar como una diosa celta) sino que gaitas se llaman también muchas flautas y otros pequeños instrumentos de viento hechos de madera, caña e incluso de rama de higuera y dos cornatos de toro como la de la sierra de Madrid. Con el acordeón, Juan nos hizo reír corrigiéndonos al llamarlo “incordeón”, que según él era el nombre que le ponía su familia cuando él insistía en practicar cada tarde sabiendo que la única manera de transformarse en músico era tocando y tocando. La zanfona, instrumento de cuerda frotada por una simpática manivela nos trasladó vibrante a la época medieval.

Hemos cantado y nos hemos reído al ritmo de la zambomba, que los niños rebautizaron como instrumento de agua porque hacía falta humedecer constantemente la mano para hacerla sonar frotando la varilla que atravesaba el parche. Juan supo adaptarse a un público muy variado que abarcaba desde niños pequeños (los más ocurrentes, participativos y entusiastas de todos) jóvenes, adolescentes y adultos.

Yo no sé ustedes, pero sospecho estarán de acuerdo…¿no creen deberíamos pedirle a Juan que nos imparta otro taller antes de que termine el curso y nos cuente más cosas y nos muestre algunos instrumentos más de todos esos que se quedaron ahí en la mesa con ganas de cobrar vida?

Ahora, y para terminar, vuelvo a agradecer en nombre de todos porque más allá de la mañana tan maravillosa que pasamos juntos, Juan nos hizo conscientes de que hay muchas cosas apasionantes que aprender y que hay otra manera de acercarse al conocimiento y que se puede enseñar con humor, con alegría, con pasión y con una calidez y paciencia que lamentablemente no se encuentra muy a menudo en las escuelas. Ojalá en nuestras aulas hubiera más profesores como Juan. De música, de plástica, de teatro, de baile, y también de lengua y de matemáticas y de inglés y de historia y de geografía…porque amar lo que se enseña hace una enorme diferencia ¡Gracias!

 

Taller de Instrumentos Musicales Tradicionales. Aula 17. Centro Cultural Isabel de Farnesio. Aranjuez

 

Juan Rodríguez Tembleco interpetando el rabel. Aula 17. Centro Cultural Isabel de Farnesio. Aranjuez

 

Zanfona. Aula 17. Centro Cultural Isabel de Farnesio. Aranjuez

 

Instrumentos musicales tradicionales. Aula 17. Centro Cultural Isabel de Farnesio. Aranjuez

 

Instrumentos musicales tradicionales. Aula 17. Centro Cultural Isabel de Farnesio. Aranjuez

 

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Adolescencia y altas capacidades

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¿Por qué tenemos tanto miedo a la adolescencia? ¿Qué solemos asociar con esta etapa que nos genera rechazo o preocupación? Convivimos con un estereotipo de adolescente que hemos construido en nuestro imaginario y con el que no es fácil relacionarse. Esperamos enfrentarnos con una persona rebelde, esquiva, poco comunicativa, malhumorada, desordenada, que evita las responsabilidades y colecciona suspensos y calcetines debajo de la cama.

Tal vez tengamos un problema de enfoque y, en vez de creer que la adolescencia es una especie de enfermedad pasajera que tiene unos síntomas muy típicos, deberíamos preguntarnos qué lleva a una persona a comportarse de esa manera. Porque la adolescencia es un momento de la vida como cualquier otro y las etiquetas siempre nos juegan malas pasadas. Y en este sentido no deberíamos perder nunca de vista que lo que tenemos delante no es un adolescente sino un ser humano, sufriente y anhelante como cualquier otro.

No vamos a desestimar los cambios físicos, hormonales, emocionales y psicológicos que tienen lugar en un rango determinado de edades, pero quizás abordar el tema con más naturalidad y sin generalizaciones ni prejuicios sea parte de la solución, si es que hace falta alguna.

Creo que si recordamos nuestra propia adolescencia o intentamos ponernos en la piel de un adolescente en este mismo momento, lo que tendremos delante es una carga de responsabilidad que excede la que existía previamente. Mientras éramos niños teníamos permiso o excusa para no hacer o no afrontar determinadas cosas, apenas tomábamos decisiones de peso y había una manera siempre a mano de conseguir atención o indulgencia. Pero entrando en esta etapa hay unas expectativas nuevas desde nuestro entorno que se suman a las internas. Esa vida adulta que se anhela y parece vendrá cargada de libertades y exenta de prohibiciones, resulta que una vez se acerca en el horizonte empieza a mostrar una cara no tan amable y deseada que es la de la responsabilidad. Y hay una sensación de que ha habido algún malentendido porque no podía ser que eso que parecía a lo lejos tan atractivo ahora que se volvía más cercano y palpable viniera con este revés. Salir de la niñez y transformarse en adulto no solamente nos permitirá conducir, beber alcohol (y Red Bull), volver a la hora que sea y tomar nuestras propias decisiones. Salir de la niñez y transformarse en adulto no será solo ganar libertades, sino que nos enfrentará a otros deberes, obligaciones y límites que ya no los aplican los padres y la familia, pero sí la sociedad, el sistema y cada ámbito en el que tengamos que interactuar. Y en este sentido creo que existe una paradoja y una contradicción frustrante en la mente del adolescente y es la lucha interna por el deseo de quedarse con las ventajas de ambas etapas, pero librándose como sea de los inconvenientes. Y la constatación de que eso no es posible de realizar lleva a sentirse de alguna manera enojado y estafado por la vida.

La madurez, un sentido más amplio de la realidad, la complejidad en el pensamiento y la necesidad de encontrar un sentido y un camino en un territorio más palpable y concreto y no ya extraído de la fantasía o el juego, puede por momentos ser abrumador. El pequeño mundo en el que se mueve el niño se expande enormemente y exige hacer elecciones y tomar decisiones que pueden parecer demasiado determinantes como para cometer un error.

Si a este panorama, ya lo suficientemente complejo, le sumamos las altas capacidades, una mayor sensibilidad, complejidad y autoexigencia, pueden hacerlo más difícil todavía. Los adolescentes de altas capacidades tienen un mayor riesgo de fracaso escolar, de depresión, de sufrir acoso, de padecer estrés y ansiedad, y de construir una identidad falsa para protegerse y sobrevivir, con el elevado coste emocional y psicológico que eso supone.

Intentando huir de etiquetas y estereotipos, porque no hay dos personas iguales ni hay una forma estándar de construir una coraza protectora, se suele hablar de dos tipos de mecanismos de protección en los adolescentes con altas capacidades. Y más que ver a cuál se acercan o si usan una mezcla de ambas máscaras, lo importante es detectar las señales y preguntarse qué está pasando y cómo podemos ayudar. Porque sean cuales sean los disfraces o los signos, muy probablemente dentro nos encontremos con un adolescente asustado, incomprendido, triste, que no confía en nadie y no se acepta a sí mismo.

Esos mecanismos que se suelen observar frecuentemente pueden ser, a grandes rasgos, la rebeldía o la timidez. Los que solían ser niños alegres, simpáticos, sociables, activos, entusiastas y participativos, pueden volverse callados, esquivos, serios, apáticos, y abarcar conductas desde desafiantes o agresivas, hasta extremadamente pasivas y desinteresadas, solitarias e introvertidas.

El primer paso para afrontar esta nueva realidad y los miedos asociados, para padres y familias que temen no estar haciéndolo bien, que fluctúan entre endurecer los límites y dudar si están generando más distancia y rechazo, que se frustran por ver delante a esos hijos que aman y que saben lo que son capaces de ser, y verlos día tras día perder el eje y volverse oscuros y apáticos, es recordar que también fuimos adolescentes, quitarles el estigma y tratarlos, ante todo, como personas a las que amamos y respetamos; no olvidarnos jamás de que son nuestros hijos y que gran parte de lo que les pasa no tiene que ver con nosotros sino con su propio proceso de maduración que no podemos cambiar ni gestionar, pero sí acompañar. Que muchas veces es preferible escuchar más y aconsejar menos. Y, sobre todo, no debemos olvidar que cuanto más se enojan, cuanto más nos ignoran, cuanto más se aíslan y cuánto más rebeldes parecen, es cuando más nos necesitan.

 

En el blog de El mundo del superdotado comparten este artículo sobre adolescencia y superdotación.

En este vídeo el psicólogo Ángel Peralbo propone: Cómo educar sin miedo en la adolescencia

Puedes leer más artículos sobre altas capacidades en nuestro blog.

Perfeccionismo y Altas Capacidades

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Hoy empieza todo. La primera semana laboral del año tras el festivo de cierre de las vacaciones de navidad, la vuelta al colegio, a la rutina, a las extraescolares, a las obligaciones. Empieza la dieta, la agenda, el calendario, la cuesta de enero, los débitos, las páginas en blanco de los cuadernos y los retos y los planes para conseguir los propósitos de este año. Pero sobre todo empiezan: las expectativas.

Así que vamos a aprovechar este día tan peculiar para hablar de la doble cara de las expectativas y de los riesgos asociados y del estrés adicional que tienen estos días, estas fechas, estos comienzos y toda esta colección de folios y calendarios y páginas en blanco delante para las personas con altas capacidades. Y si todo el mundo sabe lo que es esa especie de sudor frío o temblor interno, esa ansiedad que aparece como una mezcla de nudo en el estómago, opresión en el pecho y dificultad para centrarse; en las personas con altas capacidades esto puede ser infinitamente peor porque no nos olvidemos que hay un enemigo al acecho que en estas situaciones parece que se hace más poderoso y maligno que nunca y se llama: perfeccionismo.

Todos sabemos muy bien lo que es el perfeccionismo. Algunos lo padecemos más, otros menos, pero todos sabemos de qué estamos hablando. Ese afán porque todo esté bajo control, en marcha, en orden, funcionando y sobre ruedas. La necesidad de que las cosas salgan bien, de estar satisfecho con el proceso, pero más que nada con el resultado y de que -para qué mentir- nos lo reconozcan, nos feliciten y nos admiren.

Pero hay que tener mucho cuidado. Porque según las características de la personalidad, del entorno, de la familia y las habilidades de gestión emocional de cada individuo, el perfeccionismo puede ser positivo o negativo. Y no solo se trata de dosis ni de intensidad, sino de ser conscientes de la existencia de una serie de indicadores que nos pueden alertar del tipo de perfeccionismo que tenemos delante.

Hay un error en el que se suele caer muy a menudo y es el de creer que el perfeccionismo es algo inevitable, característico e ingobernable en las personas con altas capacidades. Y eso no es así. Y asumirlo como un rasgo casi de la personalidad, o incluso como algo positivo aunque tenga consecuencias nefastas, puede ser un error que no nos permita encauzarlo, conducirlo o aprovechar sus ventajas, porque sí que las tiene. Y este enfoque parte del reconocimiento de que no existe el perfeccionismo a secas, sino que hay un lado saludable y otro que no lo es. Porque claro que es cierto que, si el nivel de autoexigencia y las expectativas están dentro de un rango alcanzable y realista, aunque suponga esfuerzos e impulse a afrontar constantes desafíos, puede generar satisfacción y ser un gran aliado de la automotivación y de la creatividad. Pero, cuando la presión es demasiado grande y las metas se presentan como inalcanzables, el resultado es que la frustración, el aumento de la ansiedad y la pérdida de autoestima, ilusión, confianza y motivación están aseguradas.

Y en relación con el perfeccionismo asociado a las altas capacidades es interesante analizar que las presiones del entorno, que para otro individuo pueden incidir pero no de una manera tan profunda o determinante; en las personas con altas capacidades, su mayor complejidad de razonamiento, más alto nivel de empatía y mayor sensibilidad, las consecuencias pueden ser peores, llegar más profundamente y producir comportamientos y patrones de conducta poco saludables. En este sentido, el autoritarismo o exigencia de los padres, el entorno competitivo basado en premios y castigos, minado de evaluaciones y donde el error es inaceptable y nefasto del sistema educativo, y la presión social por alcanzar determinados estándares, pueden tener una influencia mucho más grande y negativa en personas con altas capacidades, y fomentar el desarrollo de un tipo de perfeccionismo más negativo.

Hablamos de perfeccionismo saludable o positivo cuando ayuda a ser perseverante, a organizarse, a planificar, pero no pone en duda la valía o la capacidad ante los obstáculos, sino que los problemas, las limitaciones y los errores se consiguen asumir con naturalidad y sirven para aprender y ser más realistas.

Hablamos de perfeccionismo tóxico o negativo cuando las expectativas distan enormemente de la realidad, los errores y obstáculos generan ansiedad y pérdida de interés, se siente miedo al error y cuesta mucho tomar decisiones o confiar en la propia capacidad para afrontar una responsabilidad del tipo que sea. Pero, uno de los indicadores más claros de que estamos ante un tipo de perfeccionismo peligroso es la búsqueda constante de aprobación o reconocimiento ajeno, y la observación de conductas de extrema exigencia y necesidad de control sobre los demás.

Pero, descubrir que tenemos delante, o incluso sufrimos en primera persona, ciertos indicadores de perfeccionismo insano, no debe alarmarnos ni producirnos desasosiego, porque no se trata de un rasgo inamovible de la personalidad, sino que existen estrategias para superarlo y poder utilizarlo como una herramienta para el desarrollo del potencial y no como un inhibidor o un freno.

Atreverse a ver los errores como oportunidades y fuentes de aprendizaje, ser capaz de ver y valorar el propio esfuerzo y capacidad, afrontar retos y animarse a realizar actividades y tareas nuevas y desconocidas, aprender a planificar tareas, ponerse objetivos y ajustar las expectativas a la realidad; son algunas de las ideas y estrategias que pueden reconducir un perfeccionismo limitante hacia otro que ayude a desarrollar el potencial y a tener una imagen saludable de uno mismo y de todo lo que realmente se puede conseguir.

Es importante, además, no perder de vista que debemos huir de las etiquetas y que el hecho de descubrir o asumir un rasgo de perfeccionismo negativo no es ninguna tragedia ni significa que no se tengan otros hábitos o formas de gestión emocional que sean saludables. Los tipos de perfeccionismo son simples indicadores que no determinan ni encasillan ni definen un perfil, sino que simplemente pueden o no estar presentes, alternarse o convivir en una misma persona. Somos seres complejos y multifacéticos, ante todo.

Así que este año, esperamos que la colección de folios y cuadernos y páginas y agendas y calendarios en blanco, nuevos y por estrenar, no nos generen una crisis de ansiedad ni un ataque de pánico (un poco de humor nunca está de más) sino que despierten ilusión y aviven nuestro espíritu entusiasta y creativo.

Este artículo del blog de La Rebelión del Talento también nos ayuda a comprender los tipos de perfeccionismo que existen y cómo propiciar el perfeccionismo positivo:

https://aacclarebeliondeltalento.com/2016/05/07/dicen-que-son-perfeccionistas/

En el blog de Altas Capacidades y Talentos también se refieren a un tipo de perfeccionismo sano y otro negativo y se esbozan estrategias para superar los rasgos menos saludables:

http://www.altascapacidadesytalentos.com/perfeccionismo-y-altas-capacidades/

Un artículo de la revista Psychology Today enumera 9 indicadores de una conducta perfeccionista (para lectores en inglés)

https://www.psychologytoday.com/us/blog/better-perfect/201611/9-signs-you-might-be-perfectionist

 Para leer más artículos sobre Altas Capacidades visita nuestro blog:

http://altascapacidadespitagoras.com/blog/

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