Altas capacidades y desarrollo del talento

By 4 diciembre, 2018Sin categoría
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Redactar un artículo sobre la ponencia de Javier Tourón sobre el desarollo del talento en las V Jornadas sobre Altas Capacidades que se celebraron en Barcelona el pasado 24 de Noviembre nos obliga a enfrentar la difícil tarea de presentarle, y a la no menos que imposible labor de intentar ser precisos y concisos a la vez. Javier Tourón es una eminencia en torno a las altas capacidades y, entre otras cosas, es vicerrector de Innovación y Desarrollo Educativo en la UNIR, catedrático de Métodos de Investigación y Diagnóstico en Educación y Doctor en Ciencias de la Educación y en Ciencias Biológicas. Además de profesor, miembro de sociedades científicas, investigador y editor de diversas y prestigiosas revistas en el ámbito de la educación y las altas capacidades.

Su conferencia se centró en el modelo Talent Search y expuso con claridad las diferencias entre dotación y talento, y la importancia de un cambio profundo en el enfoque, en la metodología y en las acciones que se deberían tomar desde el sistema educativo para que las altas capacidades sean verdaderamente aprovechadas y nutridas, y puedan transformarse en talento. Porque, como muy significativamente apunta debajo de su nombre en la página web que recoge su trabajo, su trayectoria, sus proyectos y sus artículos: “El talento que no se cultiva, se pierde.”

Es muy importante antes de hacer, entender. Antes de escuchar, saber de qué se está hablando. Y hay ciertos conceptos que en su ponencia nos van quedando perfectamente delimitados desde un comienzo. Pensamos en capacidad, dotación, desarrollo, proceso, talento, potencial, rendimiento, compromiso, creatividad, competencia. Pensamos en motivación, en aprendizaje, en el pensamiento en sí, y en toda su multiplicidad. Pensamos en técnicas, modelos, sistemas, paradigmas. Pensamos en encontrar, detectar, identificar, pero también en etiquetar ¿y en actuar, en cambiar, en cultivar, en construir, en innovar?

Vemos el esquema de los tres anillos de Renzulli. Este modelo pone el énfasis en la interacción y solapamiento de tres conjuntos de rasgos que propiciarían la aparición de un comportamiento singular. Uno representa una capacidad intelectual por encima de la media, otro la creatividad, y un tercero el compromiso, la implicación, la motivación con la tarea. Donde confluyen los tres es donde hablamos de alta capacidad. Y lo interesante de este enfoque es que expone el concepto de alta capacidad o dotación como un comportamiento, no ya como una característica absoluta, invariable e innata. Sino como un modo, una manera, una forma de ser, pensar, estar, afrontar, gestionar, solucionar. Algo vivo, dinámico, en permanente desarrollo y retroalimentación. Una conducta y no una mera característica. Pensemos en la etimología: tanto en inglés “gifted”, como en español, individuo “superdotado”, o con “altas capacidades”. Las palabras mismas nos dejan paralizados. Visualizamos a alguien que está dotado. O tiene un don, una especie de regalo, o una determinada capacidad. Parecen conceptos muy difíciles de modificar, desarrollar, dinamizar, cultivar. No son fértiles territorios, complejos y saludables organismos vivos, galaxias en expansión. Cuando leemos o escuchamos esas palabras imaginamos una caja con un lindo envoltorio y un enorme lazo, imaginamos un bíceps súper abultado, imaginamos un recipiente de mucha capacidad, sí, pero estanco y rígido. Y las altas capacidades no tienen nada que ver con eso. Son mucho más expansibles, cultivables, modificables, desarrollables y potenciables de lo que somos capaces y estamos acostumbrados a ver.

Nos dice Javier Tourón: “La capacidad no es una etiqueta, la capacidad es real.” Pero claro, hay que hacer algo con ella. No solo ponerle una pegatina en la frente con un numerito. Hay que ver todo su potencial, verla realmente como eso, para poder obtener resultados, para que atraviese un proceso en donde intervengan la técnica, la motivación, el trabajo, la perseverancia, el aprendizaje, y pueda realmente desarrollarse el talento sin frenos ni bordes ni límites más que los que dicte el propio individuo y su propio proceso y modo de atravesarlo.

Porque el talento no se desarrolla espontáneamente, no crece como las florecitas silvestres al costado de la carretera. Hace falta transformar una capacidad natural en algo sistemáticamente desarrollado. Porque la capacidad es un potencial, pero el talento es su rendimiento. Hay que identificar la capacidad pero para intervenir, no para quedarnos ahí a observarla, o archivarla en un expediente. Hay que identificar la capacidad para desarrollar el talento.

Luego nos hará reflexionar sobre lo ridículo e ineficaz que es organizar la escuela por edades. La talla única ¿Acaso todas las personas de la misma edad tienen las mismas necesidades?

Identificar el talento tiene sentido sí y solo sí construimos una escuela nueva. Una escuela donde a cada alumno se le de una tarea que no sea ni demasiado difícil como para llevarlo a la frustración, ni demasiado fácil como para causarle aburrimiento. La escuela no puede esperar a que el niño se aburra, se frustre, se queje, fracase. Y después hacer estadísticas. Y después señalarlo. Y después culpar a la familia. Y después preguntarse ¿qué pasó? Hay que actuar antes. Hay que atenderlo antes.

Javier Tourón dice: “La escuela no debe promover la igualdad. La escuela debe promover la equidad.” Y hay que ser muy rigurosos en este punto. Porque son cosas completamente diferentes. No hay que dar a todos lo mismo. Hay que dar a cada uno lo que necesita. Ni más ni menos.

La sociedad progresa a partir del desarrollo de las capacidades de sus individuos. Las personas que puedan desplegar su capacidad y cultivar su talento, serán las que promuevan el cambio, la evolución, la innovación, el desarrollo. Las que ampliarán los límites, las que superarán los retos, las que encontrarán nuevos campos y nuevos modos, las que revolucionarán el paradigma y encontrarán las soluciones a cada problema como un desafío. En este sentido, cultivar el talento es apostar por el desarrollo social, cultural, científico, educativo, artístico, humano.

Y si conseguimos entenderlo de esta manera y en toda su magnitud llegaremos a la conclusión de que visibilizar, sensibilizar, concientizar, detectar, identificar al alumnado con altas capacidades; y promover, encauzar, apoyar y fomentar el desarrollo del talento no es algo menor, anecdótico. Ni siquiera es algo deseable, importante. Fomentar el desarrollo del talento es nuestro deber. Es nuestra obligación.

Gracias Javier Tourón por tu trabajo, por tu compromiso, por tu talento y por abrirnos los ojos y darnos herramientas y también fuerzas y esperanzas. Por inspirarnos de la mejor manera posible que es haciendo. Sin parar, sin bajar los brazos, sin perder el rumbo ¡Gracias!

Web personal de Javier Tourón y su labor sobre Talento, Educación y Tecnología https://www.javiertouron.es/

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http://altascapacidadespitagoras.com/blog/

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