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Pigmalión

Efecto Pigmalión y Altas Capacidades

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El mito de Pigmalión narra la historia de un escultor que, tras múltiples fracasos en materia amorosa, decide renunciar a la búsqueda de una mujer real a la que entregar su amor y se propone esculpir en mármol cuerpos femeninos que se acercaran al ideal que no había conseguido encontrar. Al acabar su última creación, a quien llamará Galatea, se siente profundamente atraído y se enamora de ella. Afrodita, conmovida por la tristeza y soledad de Pigmalión y por la sincera intensidad de su naciente y platónico amor, se compadece y decide poner fin al sufrimiento del escultor dando vida a Galatea.

Como en otras tantas ocasiones, la psicología se ha valido de los personajes mitológicos y sus historias para explicar y comprender algunos patrones de conducta y trampas emocionales que a menudo condicionan nuestras vidas. En relación con el mito de Pigmalión se puede hablar del llamado efecto Pigmalión y sus puntos de contacto con la profecía autocumplida.

Llamamos efecto Pigmalión al resultado que tiene sobre el comportamiento y la imagen de sí mismo que pueden tener las expectativas, las exigencias y las afirmaciones que se hagan sobre una persona, principalmente por parte de sus padres y maestros durante la infancia. Al final, a fuerza de escuchar lo que los demás ven, lo que los demás interpretan y esperan de nosotros, y guiados por la necesidad primordial de aceptación y amor, terminamos amoldándonos, encajando, cumpliendo con esos designios, aunque no sean verdad. Preferimos ser lo que los demás esperan de nosotros mismos que pagar el precio de la soledad y la incomprensión. Pero, para cuando se tiene madurez, conciencia y autoestima suficientes, puede ser ya demasiado tarde.

En relación a las altas capacidades se da muchas veces el llamado efecto Pigmalión negativo, que no es otra cosa que la mímesis que sufren los niños y niñas de altas capacidades al ver su identidad, su valía y sus necesidades totalmente desatendidas, subestimadas e ignoradas. Terminan cumpliendo con la imagen, el rol y patrón de comportamiento que se espera de ellos, aunque esto los aleje dolorosamente de su naturaleza y de su ser, coarte su personalidad y reduzca enormemente el desarrollo de sus capacidades y talentos.

Lo más saludable sería, claro está, que la atención y tolerancia ante lo inusual y diferente, en el ámbito que sea, fuera una prioridad impostergable. Pero la realidad es que la inmensa mayoría de niños y niñas con altas capacidades siguen sin diagnosticar, y de la minoría que conoce su condición, un alto porcentaje sigue sufriendo las consecuencias de una sociedad y un sistema educativo que no están formados ni preparados para atender a sus demandas. El riesgo del efecto Pigmalión negativo aumenta con la adolescencia y puede acarrear desmotivación, frustración y una sensación de aislamiento e inadaptación que muchas veces deriva en ansiedad, depresión y en el fracaso escolar.

Es un derecho de todo niño manifestar su individualidad, su propia personalidad, inteligencia, creatividad, motivación e intereses sin tener que esconderse, amoldarse y mucho menos avergonzarse por eso.

La obra Las metamorfosis de Ovidio nos relata así el mito:

Pigmalión, en sueños, se dirigió a la estatua y, al tocarla, le pareció que estaba caliente, que el marfil se ablandaba y que, deponiendo su dureza, cedía a los dedos suavemente, como la cera del monte Himeto se ablanda bajo los rayos del Sol y se deja malear, tomando distintas formas, haciéndose más dócil. Al verlo, se llenó de un gran gozo mezclado de temor, creyendo que se engañaba a sí mismo. Volvió a tocar la estatua otra vez y se cercioró de que era un cuerpo flexible y que las venas latían al explorarlas con sus dedos.

Al despertar, Pigmalión se encontró con Afrodita, que conmovida le dijo «mereces la felicidad, una felicidad que tú mismo has creado. Aquí tienes a la mujer que has soñado. Ámala y defiéndela del mal».

Y así Galatea se volvió humana.

Ojalá la simbología del mito de Pigmalión solo encontrara sentido en la expresión de la propia personalidad, no idealizada ni guiada por el deseo de perfección, ni de un amor platónico dirigido hacia una fuente de felicidad externa a nosotros, anhelada y representada por el amor romántico como antídoto contra la soledad. Ojalá la simbología del mito nos llevara a la búsqueda de nosotros mismos. Y de transformarnos en ese ser que se forja y consolida a través del trabajo diario, un ser a quien amar y defender del mal.

Ojalá el único efecto Pigmalión que se aplicara al desarrollo infantil fuera el positivo, aquel que se produce cada vez que un padre, una madre, un maestro motivan y potencian la autoafirmación a través de la tolerancia, el respeto, la aceptación, la sinceridad, la confianza y el apoyo incondicional, únicos pilares sobre los que se consigue el desarrollo integro de la personalidad y el autoestima y se consigue encauzar y dar forma a la creatividad, la capacidad y el talento.

 

Texto original de Carolina Borgesi

 

Para leer un artículo sobre el efecto Pigmalión negativo y su relación con las altas capacidades publicado en el blog www.altascapacidadesytalentos.com puedes hacer clic aquí

Para leer más artículos sobre altas capacidades, la importancia del diagnóstico y la aceptación de la propia personalidad visita nuestro blog

 

rara avis

Altas capacidades en primera persona

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Les voy a ser sincero. Es difícil hablar de esto de las altas capacidades en primera persona.

Me da un poco de vergüenza, me hace sentir incómodo, no me gusta tocar el tema y muchas veces prefiero que nadie lo sepa.

¿Por qué debería avergonzarme? ¿o sentir miedo de lo que piensen los demás?

La mayoría de las personas no sabe muy bien lo que significa que tenga altas capacidades, y como hay tantas ideas equivocadas al respecto, enseguida me empiezan a preguntar cosas y a creer que soy un bicho raro.

Y yo soy simplemente un niño. Como todos los demás.

Todos tenemos algo diferente y especial. A veces nos gusta, a veces no nos gusta nada. Pero no queremos sentirnos bichos raros. Queremos ser quienes somos, y también ser como los demás.

Queremos ser queridos, respetados y valorados. Así, tal y como somos.

Sin vergüenza, sin miedo y sin esconder nada.

 

¿Qué son las Altas Capacidades?

 

Cuando hablamos de altas capacidades no nos gusta que crean que tenemos un cartel en la frente con un numerito al lado de las letras CI. Ni que piensen que tocamos el piano, el violín, somos genios de las matemáticas, tímidos, frikis, que leemos el diccionario en los ratos libres y lo sabemos todo sobre los dinosaurios. Cuando decimos altas capacidades hablamos de una manera diferente de pensar y sentir el mundo. Nuestro cerebro funciona de otra manera, y eso hace que nuestra forma de aprender, sentir y relacionarnos con los demás sea distinta de lo habitual ¿Y por qué se les llama altas capacidades? Porque sí es cierto que a veces para algunas cosas nuestra sensibilidad, nuestras reacciones, nuestra velocidad de razonamiento, intensidad, concentración, complejidad, empatía o nivel de conciencia es más alto de lo normal, es mayor. Pero esto no debería interpretarse como “mejor”. Como no es mejor ser alto que bajo, ni es mejor ser diestro que zurdo, ni rubio que pelirrojo, ni tener la voz grave o aguda, o la piel blanca o morena. El cerebro de las personas con altas capacidades es simplemente así. No se elige ni es algo de lo que avergonzarse o sentirse orgulloso.

 

Hipersensibilidad

 

Cuando era muy chiquito no soportaba ir a la feria de atracciones. Había tanta gente, tanto ruido, tantos olores, tanto movimiento, tantas luces, que simplemente no lo soportaba. Me sentía muy agobiado, estresado, saturado. Era horrible.

La primera vez que fuimos a un concierto en vivo no podía parar de moverme. La música era tan hermosa, el ritmo, la armonía entre los instrumentos. Toda esa energía me atravesaba y no podía dejar de mover las piernas y los brazos. Me era tan difícil quedarme sentado en la silla ¡Debería haberme levantado y haber bailado como loco!

También me pasó una tarde que fui al circo y una bailarina fue bajando lentamente desde el techo hasta un estanque de agua al ritmo de una música muy suave. Me invadió una tristeza infinita y no pude contener las lágrimas.

También sufro inmensamente cada vez que tengo que cortarme las uñas. Me duele peinarme y no soporto las etiquetas de la ropa, me vuelven loco. Esas que te rozan el cuello ¡las corto siempre con furia!

Si hay alguna comida que no me gusta en la mesa, pido que la pongan bien lejos. Porque si no se me hace insoportable. O se va el queso azul o las habas salteadas de la mesa…o me voy yo. Y no es que sea un tiquismiquis. Es que mi sensibilidad es mayor y lo que a ustedes les parece normal y tolerable a mi puede resultarme realmente agobiante e insoportable. Imagínense si les aumentaran el volumen y la intensidad a todo lo que olieran, vieran, oyeran, saborearan y tocaran ¿Cómo lo podrían tolerar?

A veces me distraigo con un simple ruidito que nadie más puede oír, y me cuesta mucho concentrarme si están hablando, escuchando música o si el vecino está regando las macetas o moviendo los muebles de lugar…

Mi cabeza nunca para. A veces me cuesta mucho dormirme. O necesito dormir demasiado. Mi cerebro es como una máquina imparable. Y muy habitualmente, si alguna cosa me gusta mucho, puedo llegar realmente a obsesionarme. Imaginen todas las ramas, ramitas y pequeños tallos de un árbol llenos de una cosa. Eso puede ser genial, porque podemos volvernos realmente expertos en algo; pero también abarca tanto nuestra atención que puede hacer que pierda sentido todo lo demás. Las cosas más básicas y necesarias como comer, tomar agua, ir a hacer pis, lavarme los dientes, vestirme para salir, estar en un lugar a una hora determinada…se vuelven algo nefasto…porque me desconectan de “eso” que realmente colma todas mis expectativas. Las rutinas del día me cuestan. No me parecen algo normal ni necesario. Me parecen aburridas, una pérdida de tiempo, la razón por la cual -y la mayoría de las veces sin ninguna recompensa- tengo que dejar de estar con mis sentidos al 100%, cosa que me hace muy feliz pero que no consigo muy fácilmente.

 

¿Cómo descubrí que tenía Altas Capacidades?

 

Cuando empecé primero de primaria los profes llamaron enseguida a mis papás. Creían que algo no iba bien. No podía estar mucho rato quieto. Movía mucho los brazos, me levantaba, hablaba todo el tiempo, hacía bromas a mis compañeros. En otros momentos, si me quedaba quieto es porque estaba aburridísimo o medio dormido encima de la mesa. Me distraía mucho y no me enteraba demasiado de lo que había que hacer. Mis papás estuvieron de acuerdo en que me hicieran unas pruebas para ver si tenía algún problema de atención. Las pruebas me parecieron muy divertidas. Me lo pasaba genial con Paco haciendo juegos y resolviendo acertijos. Al final descubrieron que lo que me pasaba era que mi cerebro funcionaba de una manera especial. Uno solo puede vivir en su propio cerebro. No sabe como piensan o sienten los demás. Y para uno, ser, sentir y pensar así es lo más normal del mundo. Pero es un poco desconcertante que a los demás les parezca que somos raros o que tenemos algún problema. Gracias a Paco descubrimos que mi manera de ser no tenía nada de malo. Digamos, por ponerle un nombre, que la razón por la que me portaba así era porque tenía altas capacidades. Mi cerebro funciona de una manera diferente y eso hace que algunas cosas que a otros les gustan a mí me aburran, y las que a otros les aburren, tal vez a mí me flipan. Pero eso nos pasa un poco a todos ¿no?

 

¿Por qué no me gusta que me llamen “superdotado”?

 

Es un poco incómodo. Cómo se responde a la pregunta ¿así que sos superdotado? Es que las palabras tienen una historia y un por qué, y a veces suenan de una manera que hace que sean muy fáciles de malinterpretar. No me gusta pensar que soy “súper”, como si fuera un superhéroe o algo así, algo superior a todo lo demás, o extraordinario. Tampoco me gusta lo de “dotado” porque, aunque en realidad no quiere decir otra cosa que tener unas ciertas condiciones o cualidades para algo, eso es verdad para todos nosotros. La gente enseguida cree que tengo algo que los demás no tienen y me hace mejor o superior. Prefiero pensar y prefiero que los demás piensen que soy diferente. Ni mejor ni peor. Cuando me miro a mí. Cuando miro a los demás. Cuando los demás me miran. Porque no estaría bien que el más alto de la clase se sintiera superior a los demás. O el más bajo. O el más rápido en las pruebas de educación física. O el más memorioso cuando hay que aprender una poesía o una fórmula matemática. O el más atento cuando el profe pregunta algo o un compañero no se siente bien. No somos mejores o peores. Somos diferentes y tenemos que sentirnos bien, así como somos, sin pensar ni sentir que somos más ni mejores, menos ni peores que nadie. Conocer nuestras capacidades y no tener vergüenza es importante, pero no para mirar a los demás por encima del hombro, sino para usarlas para el bien de todos, y formar un gran equipo; en el cole, en nuestra familia, en nuestro grupo de amigos y el día de mañana en nuestro trabajo y dentro de la sociedad. Yo creo que todos tenemos altas capacidades ¿saben? Lo que pasa es que las tenemos en cosas diferentes. Cada uno tiene que descubrir la suya.

 

Expectativa vs Realidad

 

Si tenés altas capacidades deberías tener todos sobresalientes.

No. No es verdad ¡Es un gran error!

Las personas con altas capacidades solamente pensamos de otra manera y eso hace que muchas veces la forma en que nos enseñan las cosas en el cole nos resulte rara o difícil. Hay cosas que las aprendo super rápido. Y hay otras que me llevan mucho tiempo. Porque yo lo hubiera razonado de otra manera muy distinta. Y ese esfuerzo extra de adaptarme a cómo me enseñan las cosas, a veces me lleva tiempo.

Cuando estaba en tercero de primaria nos enseñaron las tablas de multiplicar. Y a mí no me gusta aprender las cosas de memoria, y como no me gusta no se me da bien. Necesito entender por qué. Así que me llevó muchos meses entenderlas. Iba muy lento. Muchos compañeros a la semana siguiente de empezar ya se las sabían. Y yo me acuerdo de que a veces me iba fatal en los exámenes porque no los llegaba a terminar. Hasta donde llegaba, tenía todo bien, pero no conseguía terminar ni la mitad de los ejercicios. No me sabía las tablas. Las pensaba, cada vez.

Cuando estaba haciendo las pruebas con Paco para ver por qué me portaba así en clase me dio algunos problemas de lógica que tardé mucho en resolver. Y él apuntó en el informe: había varias formas de resolverlo, algunas más rápidas, más simples, más fáciles. Él inventó un método novedoso. Le llevó mucho más tiempo y esfuerzo, pero llegó al resultado correcto.

 

Si tenés altas capacidades entonces deberías poder decirme ahora mismo… ¿cuánto es 1.000.000/52?

No. Que tenga altas capacidades no significa que sea una calculadora con pies. Ni que pueda hacer cálculos matemáticos en segundos. Mi cabeza no es un ordenador. Simplemente toma caminos extraños. A veces atajos sencillos, y otras, caminos llenos de obstáculos para poder llegar a un resultado o una conclusión. Además, no todas las personas con altas capacidades tienen las mismas habilidades ni los mismos intereses. Quizás a algunos se les den muy bien las matemáticas, pero a otros no.

 

Si tenés altas capacidades entonces debes tocar bien el piano ¿o el violín? ¿Y a que sos un campeón del ajedrez?

No. Y mil veces no. No todos tenemos los mismos gustos e intereses. Y mientras algunos pueden tocar maravillosamente un instrumento musical o dominar algún juego de estrategia y lógica, hay quienes tienen talento para las artes, las palabras, los deportes o son muy creativos y originales para inventar cosas o para resolver problemas y acertijos. Que tenga altas capacidades no significa que tenga un alto rendimiento en todo.

 

Si tenés altas capacidades entonces no necesitás clases de apoyo, que el profe te ayude, o que te lo explique otra vez.

No. No es así. Si algo me parece muy fácil, me aburre, lo abandono. Si me parece demasiado difícil me genera una gran frustración, porque soy muy perfeccionista. Me gustan los retos. Descubrirlo a mi manera, a mi ritmo y a la profundidad que me apetezca. Y los contenidos que hay que aprender no siempre son así. A veces hay que aprender solo una cosa, y no darle muchas vueltas. A veces hay que aprender algunas cosas de memoria para poder seguir, sin liarse demasiado pensando en por qué o para qué. Otras veces no puedo ir a mi ritmo porque el examen es ¡mañana! y no me da tiempo de resolverlo todo. Otras solo veo un montón de datos en una página que hay que recordar y si no entiendo dónde, cómo, y para qué ¡me cuesta muchísimo!

 

Si tenés altas capacidades seguro sos friki, rarito, tímido, nervioso, pesado, solitario, engreído, listillo, cabezota, sabelotodo…

No. No es así. Y me hace mucho daño que me digan eso. Que lo piensen. Que lo vayan diciendo a mis espaldas. Soy tan raro como cualquiera. Soy tan diferente y tan igual a los demás como cualquier otra persona. Algunas cosas se me dan réquete bien, y otras fatal. En algunas cosas soy genial y en otras un desastre. Para ciertas actividades soy ágil y para otras super lento. Para unas hábil y para otras, torpe. Hay tareas que me resultan muy fáciles y otras difíciles. Y unas divertidas mientras otras un aburrimiento total ¿No somos todos así?

¿No tendríamos que tener todos derecho a ser quiénes somos sin vergüenza, sin miedo y sin pensar que nos van a señalar o apartar, o a poner una etiqueta que no queremos que nos pongan, simplemente por ser como somos?

 

En primera persona

 

Tengo altas capacidades.

Tengo ojos grandes y pelo negro.

Soy alto y flaco.

Me gusta llevar el pelo largo.

Hablo español.

No creo en Dios.

Tengo la piel blanca.

Soy extranjero.

Odio el reguetón.

Amo el Roblox.

Pero ¿qué importa todo eso?

Soy yo. Soy un niño.

Y eso es todo lo que quiero que vean y piensen cuando están conmigo.

 

¿A que no lo sabías?

 

“Su rendimiento y sus resultados son insatisfactorios. No asimila bien. Las notas donde apunta sus experimentos están confusas. A menudo se encuentra perdido porque no escucha. Insiste en hacer las cosas a su manera. Me ha llegado la noticia de que quiere ser científico. Me parece algo ridículo. Si no puede ni siquiera aprender las bases de la biología, no tiene posibilidades de desempeñar el trabajo de un especialista. Sería una pura pérdida de tiempo para él y para los que deban enseñarle.”

Eran las palabras de un profesor hablando de John Gurdon, Premio Nobel de Medicina.

El profesor de Albert Einstein escribió: “Este chico no llegará nunca a ningún sitio. Es lento. Reflexiona demasiado antes de contestar a una pregunta. No consigue aprender nada de memoria. No entiende las reglas y las órdenes. No le gusta el deporte. Siempre está aislado.”

Muchos años después Einstein respondería con una frase muy controvertida…

“La educación es lo que queda después de que uno ha olvidado todo lo que aprendió en la escuela.”

El astrofísico Stephen Hawking confesó sobre sus años de formación: “sentía un gran aburrimiento y tenía la sensación de que no merecía la pena esforzarse.” Aprendió a leer recién con ocho años. No le gustaba que le explicaran como hacer las cosas. No entendía los métodos. Su mente funcionaba de una manera completamente diferente a las demás.

Los maestros de Charles Darwin dijeron: “es un chico que se encuentra por debajo de los estándares comunes de inteligencia. Es una desgracia para su familia.” Su propio padre lo consideraba vago y demasiado soñador: “Mi hijo no piensa en otra cosa que en la caza y en los perros.”

La madre de Thomas Edison dejó de llevarlo al colegio para educarle en casa. El profesor decía que era “un chico mentalmente enfermo, confuso, inestable y embrollón.”

Giuseppe Verdi no fue admitido en la Escuela Superior de Música de Milán porque decían que adoptaba una postura incorrecta de las manos sobre el piano.

Leonardo da Vinci empezaba investigaciones sobre tema diferentes y después se frustraba y las abandonaba. Nunca fue a la escuela y los que lo conocieron pensaban que era lento, desordenado e hiperactivo.

¿Se imaginan qué triste, cuánto nos hubiéramos perdido si todos ellos se hubieran quedado pensando que eran demasiado diferentes para hacer algo bueno por este mundo? Perezosos, inútiles, inadaptados, indisciplinados, distraídos, malos estudiantes, soñadores, confusos, inestables, rebeldes, solitarios…

Todas las personas tienen una dosis de talento, pero hace falta fuerza de voluntad, motivación y muchas ganas de trabajar para desarrollarlo. Autoconfianza, disciplina y un plan de acción. Hay que encontrar el equilibrio justo para que esa estructura de control, dirección y trabajo guíe y sirva de apoyo sin ser demasiado rígida o limitante. De otra manera puede llevar al fracaso, generar mucha frustración e impedir el óptimo desarrollo de las potencialidades. La educación emocional y el desarrollo de las habilidades sociales son fundamentales para fortalecer la personalidad y mejorar la autoestima, la autodisciplina y la automotivación.

 

Nos encantaría escuchar las historias de quienes quieran contar sus experiencias, anécdotas, su manera de pensar, sentir y vivir en primera persona las altas capacidades. Escríbenos a pitagorasacaranjuez@gmail.com y cuéntanos tu historia en primera persona.

Desde el blog La Rebelión del Talento compartimos aquí  la historia de un reconocido neurocirujano que cuenta también su vivencia de las altas capacidades en primera persona.

Visita nuestro blog y encontrarás más artículos de interés.

desintegración positiva

Desintegración Positiva y altas capacidades

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Hablar de Desintegración Positiva y altas capacidades supone definir conceptos complejos, partir de una base de conocimiento sobre terminología, postulados y teorías desarrolladas por los investigadores Dabrowski y Piechowski fundamentalmente, y estructurar esa información ordenadamente para comprender y concluir cómo partiendo de la observación de ciertas características, conductas y reacciones se llega a un desarrollo evolutivo de la personalidad que está más potenciado en las personas con altas capacidades.

Lo primero que hace falta definir es ¿Qué es la Desintegración Positiva? y ¿Cómo se relaciona con ese potencial de desarrollo y con una sobre excitabilidad e intensidad innatas e inherentes a las altas capacidades?

La Desintegración Positiva es una teoría, desarrollada por el psicólogo y psiquiatra polaco Kazimier Dabrowski, que afirma que la evolución de la personalidad desde un estado carente de autoconciencia y básicamente egocéntrico e individualista hacia uno en el que el individuo no solo supera el egocentrismo inicial sino también las expectativas externas tanto a nivel individual, familiar y social, y se dirige hacia un estado de desarrollo pleno guiado por la empatía, la plena conciencia de si mismo y la búsqueda de fines altruistas, genuinos y universales, solo se puede conseguir a través de un proceso de desintegración. El individuo debe replantear y deconstruir los pilares sobre los que se han fundado sus acciones y pensamientos, y repostularlos en un sentido nuevo que excede su propia satisfacción, e incluso las demandas emanadas del medio social, y se orienta hacia unos fines superiores imbuidos de un valor humano, universal, abstracto y altruista. Se le llama positiva porque, aunque es un proceso en el cual es inevitable atravesar profundos conflictos internos de diversa índole, el resultado es una integración nueva, evolucionada y positiva de la personalidad, hacia la cual las personas con altas capacidades tienen una predisposición y un potencial mayor que debe ser comprendido y apoyado.

Llegado a este punto, el vértice de contacto entre la Desintegración Positiva y las altas capacidades, es importante destacar que la teoría ilumina y oxigena la visión y manera de abordar no solo el diagnostico sino el significado y las profundas y complejas implicaciones que pueden tener esa serie de conflictos, pensamientos, reacciones, dinámicas y sensibilidades propias de los individuos con altas capacidades y que suelen desatenderse y etiquetarse no solo de manera errónea sino contraproducente.

Si partimos de la afirmación de que sin desintegración no puede haber evolución de la psique. Si descubrimos que, a mayor excitabilidad y mayor intensidad, más potencial de evolución tenemos delante. Si nos atrevemos a pensar que sin una serie de profundos replanteos y conflictos internos sobre la imagen de uno mismo y la relación con el entorno, y sobre lo que se es y lo que se debería lograr ser, y cómo esa lucha se define casi como una paradoja dentro del plano familiar, educativo, social y económico, porque el objetivo hacia el que se dirige el deseo y la necesidad de ese ser que intenta aflorar no cumple de ninguna manera con las expectativas externas ni con las internas heredadas, aprendidas y sustentadas. Si replanteamos esa primera y segunda y tercera impresión y prejuicio que solemos tener cuando nos enfrentamos a emociones intensas, pensamientos complejos, dinámicas psicomotrices y sensitivas infrecuentes y difíciles de controlar; a conflictos existenciales y a más dudas y más incertidumbres y más miedos que a ese imaginario funcional y equilibrado, perfectamente en marcha y dando respuestas correctas y esperables y seguras y entusiastas. Si podemos atrevernos a mirar de otra manera todos esos condicionales podremos de pronto redefinir todas esas connotaciones supuestamente negativas, todos los tabúes, todos los eufemismos, todas las etiquetas, todos los prejuicios, y evolucionar ¿Y si todas esas señales que creíamos preocupantes, inaceptables, obstaculizadoras, no fueran otra cosa que signos de un proceso positivo, de un irrefrenable desarrollo, rasgos inequívocos de evolución? ¿Si toda esa aparente desintegración del individuo en conflicto fuera absoluta e irrefutablemente positiva? Esas son las preguntas que nos plantea la teoría de la Desintegración Positiva de Dabrowski.

En cuanto a su relación con las altas capacidades, Dabrowski llega a la conclusión de que las personas con mayor sobre excitabilidad, hipersensibilidad e intensidad tienen un potencial considerablemente mayor de evolución. Y que la combinación de esa intensidad, sensibilidad y potencial de desarrollo son claros indicadores de alta capacidad intelectual. Y abre y expande y complementa la mirada tradicional sobre el diagnóstico, los test de CI, las herramientas de evaluación y las respuestas a las necesidades asociadas a la superdotación, enriqueciendo y ampliando la manera de abordar las altas capacidades a nivel individual, interpersonal, familiar, escolar y social.

Al igual que las investigaciones de Elaine Aron sobre hipersensibilidad generan un profundo alivio y ayudan a aceptar y comprender que esas conductas supuestamente inadecuadas, inaceptables, rechazadas, que narran lamentablemente demasiadas historias en primera persona sobre incomprensión y soledad, y en las que las personas altamente sensibles han llegado a sentirse locos, trastornados, absolutamente inadaptados, aislados y ajenos a este mundo; eran simplemente un rasgo, una cualidad, un don del cual valerse y con el cual vivir plenamente y sin permitir más etiquetas ni juicios. La teoría de la Desintegración Positiva de Dabrowski echa luz y abre una nueva perspectiva ante ciertos indicadores, no solo de alta capacidad intelectual e hipersensibilidad, sino del verdadero significado y potencial de ese enjambre de conflictos, incomodidades, replanteos y contradicciones que habitan en el cuerpo y la mente de ciertas personas. De pronto, descubrir que esa sensación de duda, sufrimiento y la instintiva necesidad de redefinirlo todo a un nivel profundo, casi ajeno a este sistema y a las normas y expectativas establecidas, no era un signo de inadaptación, debilidad o incapacidad. No entrañaba peligro. No era algo de lo que había que curarse. No era un trastorno de personalidad ni un déficit ni un riesgo. Era un claro signo de evolución, de potencial, un hito en el camino hacia el autoconocimiento y el nacimiento de un ser auténtico, verdadero, sensible, consciente y altruista.

Si te ha interesado la teoría de la Desintegración Positiva te recomendamos leer nuestra entrada con una síntesis del texto de Raquel Pardo de Santayana, especialista en altas capacidades, publicado por la Universidad Complutense de Madrid sobre las aportaciones, los conceptos fundamentales, estadios y dinamismos sobre los que se funda la teoría de Dabrowski. El texto completo puede leerse aquí.

Un artículo comentado sobre las características, pero también implicaciones a nivel individual y social, de la teoría de la Desintegración Positiva puede leerse aquí.

Y para saber más sobre las personas altamente sensibles y los estudios de Elaine Aron sobre hipersensibilidad y altas capacidades visita nuestra entrada con las experiencias del último ágora de padres y familias en la Asociación Pitágoras.

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