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dragón dormido

El dragón dormido

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La imagen del dragón dormido como una metáfora de la invisibilidad de los niños con altas capacidades y la importancia del diagnóstico, nos llega de la mano de Linda Kreger Silverman y su libro Giftedness 101.  Ella es psicóloga clínica, escritora y fundadora del Centro de Desarrollo de la superdotación de Denver. Ha forjado el término de “aprendiz viso-espacial” y ha buscado herramientas para vencer la invisibilidad de los niños con altas capacidades, tan habitual no solo en las aulas sino también muchas veces en las propias familias.

Hay muchas imágenes que pueden venirnos a la cabeza. Metáforas de algo que parece una cosa que no es. Y que muchas veces es rechazado, negado, temido, subestimado o juzgado negativamente; cuando en realidad representa la esencia misma de una persona y de su identidad más auténtica, y no hay mejor decisión que dejarla libre, permitirle naturalmente fluir.

Podemos pensar en el patito feo. Y en el león cobarde del Mago de Oz. Y en el animal protector invocado con el conjuro Expecto Patronum de Harry Potter. Y en el mito de Superman: un hombre con habilidades extraordinarias camuflado en un personaje torpe y débil. Y también en un dragón dormido.

Y es así. Como tan bien describen las palabras de la autora Linda Kreger Silverman. Hay más de lo que se ve a simple vista. Y hay que saber buscar. Y vivimos enloquecidos y cegados por la rutina y las preocupaciones. Y a eso se suma que muchas veces ni siquiera tenemos ojos ni percepción ni sensibilidad para ver. Para ver realmente lo que tenemos delante en toda su magnitud.

Porque no ver al dragón, no nombrarle, no atreverse a despertarlo, no afirmar que en su interior aloja una fuente inagotable de energía, pasión, certeza y creatividad es imperdonable. Inadmisible. No solo por lo difícil que es para un niño, y para cualquier persona, tener que negar su esencia más verdadera, y por todo lo que ellos se perderán de sí mismos, sino por lo que su entorno cercano, su contexto, la sociedad entera se perderán todo el tiempo que ese patito feo no sepa que es un cisne, que ese león siga creyendo que no tiene suficiente fuerza y valentía. Todo el tiempo que el dragón siga dormido.

“Hay más. Para algunas personas hay más de lo que se ve a simple vista. Cuando uno sabe qué buscar, un don aparece de improviso, expresándose de manera inesperada: en un simple dibujo, en una excusa muy inteligente para no haber hecho la tarea, en un chiste muy audaz, en una pregunta fascinante, en un ingenioso giro en una frase, la absoluta concentración en una actividad, un simple esquema del interior de una calabaza en lugar del exterior, una pasión inquebrantable, un enorme sentido de la justicia, una analítica quietud en medio del caos. Todos ellos cualitativos indicadores de superdotación. Si uno nota que hay algo especial en un niño y le transmite un destello de reconocimiento, el dragón dormido en su interior puede despertarse y comenzar a avivar fuego dentro de su alma.”

Giftedness 101 · Linda Kreger Silverman, PhD

Aquí un enlace al artículo publicado en el blog de La Rebelión del Talento sobre la invisibilidad de los niños con altas capacidades en el aula y su exposición sobre el dragón dormido de Linda Kreger Silverman:

https://aacclarebeliondeltalento.com/2015/10/04/porque-no-me-ves/

Otros artículos de nuestro blog para concientizar y combatir la invisibilidad de los niños con altas capacidades:

La importancia del diagnóstico

¿Por qué sentir vergüenza?

Ilustración original de Studio Ghibli · El viaje de Chihiro

 

cerebro bicicleta

Cerebro Bicicleta

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Gracias a un artículo que nos compartió una mamá de la asociación hemos conocido la labor de Ian Byrd. Leyendo su página https://www.byrdseed.com/ hay muchas cosas que acabamos de descubrir y queremos compartir. Encontramos una persona que escribe, crea, expone y produce material y vídeos para ayudar a los educadores a mejorar sus recursos a la hora de motivar a sus alumnos con altas capacidades.

Lo primero que nos llamó la atención, y era el eje de la publicación inicial, fue el concepto que utiliza y denomina cerebro bicicleta. Buscando profundizar esta idea descubrimos su página y esta noción era parte de una entrada más completa que hablaba de cómo ciertas imágenes y metáforas pueden ayudarnos a entender más rápida y fácilmente a los alumnos con altas capacidades.

El término cerebro bicicleta estaba empleado para expresar el concepto de límite mínimo de velocidad. Uno puede montar en bici muy muy muy despacio, pero hay un límite de velocidad mínima y es el que, si superamos, nos hará perder el equilibrio y caer inevitablemente. Todo quien haya montado en bicicleta puede entender perfectamente de lo que estamos hablando. Si vamos demasiado despacio, perdemos estabilidad, y en cuanto aceleramos nos sentimos más seguros y recuperamos el control, el rumbo y el entusiasmo.

Lo mismo pasa cuando un alumno está en clase y se le fuerza a ir tan despacio que empieza a perder el control, el rumbo y el entusiasmo y cae, no literalmente al suelo, sino en la distracción y el aburrimiento. Los alumnos con altas capacidades tienen un límite mínimo de velocidad mayor, necesitan moverse más rápido para mantenerse alerta, para estar atentos y para involucrarse con lo que está pasando. De otra manera, desconectan. Y eso puede derivar en una mañana de aburrimiento y distracción, pero a la larga puede transformarse en una desmotivación crónica y falta de sentido e interés, para más tarde, y en el peor de los casos, derivar en aislamiento, ansiedad, rebeldía, depresión o fracaso escolar.

Entonces, antes de juzgar a un alumno con altas capacidades por su falta de atención, por su apatía o sus problemas de conducta, habría que pensar por qué pasa esto y cómo el aburrimiento es como una bicicleta que se mueve demasiado lento, hasta que pierde el equilibrio y se estrella.

El artículo original utilizaba más metáforas, y me parece muy importante compartirlas. Hablaba también de compañeros intelectuales. Se refería a la soledad y el aislamiento que puede llegar a sentir un niño de altas capacidades totalmente fascinado con un tema en relación a sus compañeros de clase. Ponía el ejemplo de un niño apasionado por los dinosaurios en medio de la clase de infantil. Y la diferencia abismal entre su entusiasmo, la profundidad de su sed de conocimiento y las preguntas que se formulaba en relación al nivel general y a los contenidos que estaban aprendiendo en clase. Ni sus compañeros ni los propios profesores tenían interés por seguir su ritmo o inquietud. Esto nos recordó a la noción de disincronía, tan frecuente también, no tanto a nivel interno, cuando la madurez intelectual y la emocional no concuerdan, sino a nivel externo, cuando la edad mental dista enormemente de la cronológica. Así ocurre, que es mucho más probable que un niño con altas capacidades se sienta infinitamente más comprendido y en sintonía y disfrute de la compañía de adultos con quienes compartir, que nutran y acompañen sus intereses, le escuchen y dialoguen, que con sus compañeros de clase que a nivel intelectual pueden hacerle sentir muy solo y fuera de lugar.

Otra imagen que Ian Byrd utilizó para explicar cómo (y no por qué) los niños con altas capacidades podían ser alumnos tan difíciles y tener bajo rendimiento era una simple captura de pantalla de la típica pregunta de test de CI. Cuatro cuadrantes. Tres de ellos con gráficos, parecidos entre sí, pero no iguales. Y el cuarto cuadrante, vacío. No había un orden lineal ni secuencial. Ni siquiera una pregunta. Ni ninguna indicación. Solo un cuadrante vacío y cuatro opciones debajo de cómo llenarlo.

Esa simple imagen consiguió que los niños se interesaran inmediatamente, comentaran sus ideas sobre la lógica a seguir para hacer su elección e intentaran explicar a los demás por qué elegir una opción y no otra. Lo consiguieron muy rápido, sin ayuda y sin reglas. Ese tipo de razonamiento abstracto que combina patrones, pensamiento lateral y deducciones lógicas e intuitivas son típicos de observar en las personas con altas capacidades. Y sí, es cierto, ese mismo alumno que se dio cuenta de esto al instante, también tiene problemas para aprobar los exámenes, llevar una agenda, hacer sus deberes o prestar atención en clase. Pueden ser brillantes, entusiastas y creativos, pero no precisamente en las destrezas y habilidades en las que les miden y evalúan y dentro de los patrones que les exige la escuela.

Seguimos curioseando en la web https://www.byrdseed.com/ y nos encontramos un extenso listado de artículos sobre necesidades sociales y emocionales de los niños con altas capacidades, y una colección de contenidos audiovisuales orientados a profesores y alumnos sobre temas tan diversos como idiomas, escritura, literatura, geometría, pintura en acuarela o etimología científica. Entre las lecciones favoritas encontramos: Cómo crear una criatura, Misión de supervivencia lunar, Rasgos de un personaje, Construcción de analogías creativas y Presentaciones con profundidad y complejidad, entre otras.

Un pequeño detalle es que todo el contenido y la web están en inglés. Esperamos eso no suponga un gran obstáculo. Al final con la expansión del bilingüismo, si no somos los padres serán nuestros hijos los que nos ayuden a aprovechar y compartir todo el material que hay a nuestro alcance.

¡No estamos solos! ¡Hay esperanzas!

 

La página web de Ian Byrd es https://www.byrdseed.com/ y el artículo original con sus tres metáforas para explicar cómo (y no por qué) los niños con altas capacidades no siempre son buenos alumnos https://www.byrdseed.com/three-images-to-explain-giftedness-to-parents/

Más artículos sobre altas capacidades en nuestro blog.

Imagen editada. Ilustración original Cycology Clothing.

adolescencia

Adolescencia y altas capacidades

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¿Por qué tenemos tanto miedo a la adolescencia? ¿Qué solemos asociar con esta etapa que nos genera rechazo o preocupación? Convivimos con un estereotipo de adolescente que hemos construido en nuestro imaginario y con el que no es fácil relacionarse. Esperamos enfrentarnos con una persona rebelde, esquiva, poco comunicativa, malhumorada, desordenada, que evita las responsabilidades y colecciona suspensos y calcetines debajo de la cama.

Tal vez tengamos un problema de enfoque y, en vez de creer que la adolescencia es una especie de enfermedad pasajera que tiene unos síntomas muy típicos, deberíamos preguntarnos qué lleva a una persona a comportarse de esa manera. Porque la adolescencia es un momento de la vida como cualquier otro y las etiquetas siempre nos juegan malas pasadas. Y en este sentido no deberíamos perder nunca de vista que lo que tenemos delante no es un adolescente sino un ser humano, sufriente y anhelante como cualquier otro.

No vamos a desestimar los cambios físicos, hormonales, emocionales y psicológicos que tienen lugar en un rango determinado de edades, pero quizás abordar el tema con más naturalidad y sin generalizaciones ni prejuicios sea parte de la solución, si es que hace falta alguna.

Creo que si recordamos nuestra propia adolescencia o intentamos ponernos en la piel de un adolescente en este mismo momento, lo que tendremos delante es una carga de responsabilidad que excede la que existía previamente. Mientras éramos niños teníamos permiso o excusa para no hacer o no afrontar determinadas cosas, apenas tomábamos decisiones de peso y había una manera siempre a mano de conseguir atención o indulgencia. Pero entrando en esta etapa hay unas expectativas nuevas desde nuestro entorno que se suman a las internas. Esa vida adulta que se anhela y parece vendrá cargada de libertades y exenta de prohibiciones, resulta que una vez se acerca en el horizonte empieza a mostrar una cara no tan amable y deseada que es la de la responsabilidad. Y hay una sensación de que ha habido algún malentendido porque no podía ser que eso que parecía a lo lejos tan atractivo ahora que se volvía más cercano y palpable viniera con este revés. Salir de la niñez y transformarse en adulto no solamente nos permitirá conducir, beber alcohol (y Red Bull), volver a la hora que sea y tomar nuestras propias decisiones. Salir de la niñez y transformarse en adulto no será solo ganar libertades, sino que nos enfrentará a otros deberes, obligaciones y límites que ya no los aplican los padres y la familia, pero sí la sociedad, el sistema y cada ámbito en el que tengamos que interactuar. Y en este sentido creo que existe una paradoja y una contradicción frustrante en la mente del adolescente y es la lucha interna por el deseo de quedarse con las ventajas de ambas etapas, pero librándose como sea de los inconvenientes. Y la constatación de que eso no es posible de realizar lleva a sentirse de alguna manera enojado y estafado por la vida.

La madurez, un sentido más amplio de la realidad, la complejidad en el pensamiento y la necesidad de encontrar un sentido y un camino en un territorio más palpable y concreto y no ya extraído de la fantasía o el juego, puede por momentos ser abrumador. El pequeño mundo en el que se mueve el niño se expande enormemente y exige hacer elecciones y tomar decisiones que pueden parecer demasiado determinantes como para cometer un error.

Si a este panorama, ya lo suficientemente complejo, le sumamos las altas capacidades, una mayor sensibilidad, complejidad y autoexigencia, pueden hacerlo más difícil todavía. Los adolescentes de altas capacidades tienen un mayor riesgo de fracaso escolar, de depresión, de sufrir acoso, de padecer estrés y ansiedad, y de construir una identidad falsa para protegerse y sobrevivir, con el elevado coste emocional y psicológico que eso supone.

Intentando huir de etiquetas y estereotipos, porque no hay dos personas iguales ni hay una forma estándar de construir una coraza protectora, se suele hablar de dos tipos de mecanismos de protección en los adolescentes con altas capacidades. Y más que ver a cuál se acercan o si usan una mezcla de ambas máscaras, lo importante es detectar las señales y preguntarse qué está pasando y cómo podemos ayudar. Porque sean cuales sean los disfraces o los signos, muy probablemente dentro nos encontremos con un adolescente asustado, incomprendido, triste, que no confía en nadie y no se acepta a sí mismo.

Esos mecanismos que se suelen observar frecuentemente pueden ser, a grandes rasgos, la rebeldía o la timidez. Los que solían ser niños alegres, simpáticos, sociables, activos, entusiastas y participativos, pueden volverse callados, esquivos, serios, apáticos, y abarcar conductas desde desafiantes o agresivas, hasta extremadamente pasivas y desinteresadas, solitarias e introvertidas.

El primer paso para afrontar esta nueva realidad y los miedos asociados, para padres y familias que temen no estar haciéndolo bien, que fluctúan entre endurecer los límites y dudar si están generando más distancia y rechazo, que se frustran por ver delante a esos hijos que aman y que saben lo que son capaces de ser, y verlos día tras día perder el eje y volverse oscuros y apáticos, es recordar que también fuimos adolescentes, quitarles el estigma y tratarlos, ante todo, como personas a las que amamos y respetamos; no olvidarnos jamás de que son nuestros hijos y que gran parte de lo que les pasa no tiene que ver con nosotros sino con su propio proceso de maduración que no podemos cambiar ni gestionar, pero sí acompañar. Que muchas veces es preferible escuchar más y aconsejar menos. Y, sobre todo, no debemos olvidar que cuanto más se enojan, cuanto más nos ignoran, cuanto más se aíslan y cuánto más rebeldes parecen, es cuando más nos necesitan.

 

En el blog de El mundo del superdotado comparten este artículo sobre adolescencia y superdotación.

En este vídeo el psicólogo Ángel Peralbo propone: Cómo educar sin miedo en la adolescencia

Puedes leer más artículos sobre altas capacidades en nuestro blog.

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