Las necesidades emocionales de los niños con altas capacidades

By 7 enero, 2020Sin categoría
necesidades emocionales
Traducción de un artículo original de Annemarie Roeper.

Las emociones son el alma y el corazón de la superdotación. Cuando miramos a los ojos de niños y adultos superdotados vemos sus almas. Recibimos su mensaje. La superdotación existe en el corazón y en el alma. Es principalmente en el área de las emociones en donde los superdotados se diferencian más de los demás. Las necesidades emocionales de los superdotados surgen de su mayor conciencia cognitiva que se traduce luego en una profunda sensibilidad. Entienden desde el principio cuánto duele una herida y aprenden a evitarla teniendo extremo cuidado. Esto explica cómo y por qué desarrollan miedos, a veces inmanejables, de manera precoz. Pueden, por ejemplo, sentirse aterrorizados por los gérmenes y visualizarlos claramente fluyendo a través de sus cuerpos y destruyendo su salud. Decirles lo improbable que es esto no conseguirá calmarlos. Necesitan que su miedo sea validado y reconocido. Durante la Guerra del Golfo, muchos niños superdotados tenían miedo de sufrir un ataque con bombas. Las explicaciones racionales de los padres los dejaban sintiéndose siempre incomprendidos. Intelectualmente, sabían que no era muy probable que ocurriera un ataque contra ellos, pero necesitaban que se entendiera su ansiedad. Sus preocupaciones se extienden más allá de los miedos propios e individuales. Constatar que los adultos pudieran ser tan violentos y destructivos socavaba sus sentimientos de seguridad, tan necesarios. Incluso un niño de cuatro años pudo llegar a identificarse tan profundamente con el sufrimiento de los niños iraquíes, que con desesperación y la necesidad imperiosa de hacer algo, empezó a escribir una carta al presidente.

Debido a su mayor conciencia, los niños superdotados comprenden las consecuencias de su comportamiento y desarrollan sentimientos de culpa mucho antes y con más fuerza que los demás. Con los problemas entre los padres, frecuentemente buscan soluciones que pueden parecer extrañas, como portarse mal o llamar la atención para quitar el foco del conflicto. Y si no pueden influir positivamente para resolver la situación, desarrollan un gran sentimiento de culpa, ya que a menudo se sienten responsables. También son muy perfeccionistas y sienten que no deberían actuar guiados por sus emociones. Un niño perfeccionista podría no ser celoso, por ejemplo. Pueden volver los sentimientos que perciben como inaceptables contra ellos mismos. Todos los sentidos de los niños superdotados se intensifican. Son demasiado excitables. Y es muy probable que estas emociones se expresen exclusivamente en la seguridad del hogar. Las familias se convierten en testigos de la expresión de mayor alegría y felicidad, así como de la desesperación en el niño superdotado. En un hogar de personas superdotadas, la intensidad puede ser maravillosa. Todo es excesivo. Si bien la capacidad para el aprendizaje cognitivo está en el cerebro, la motivación para el aprendizaje, para el crecimiento interno, para la autorrealización es emocional, está en el corazón. Los niños superdotados a menudo se ven obligados a aprender. Pero el impulso no deja de ser emocional, aunque la capacidad de aprender sea cognitiva.

Se sabe que algunas personas con gran capacidad intelectual no quieren aprender por múltiples razones. Y no podemos obligarlos tanto como quisiéramos. A menudo nos centramos en la motivación. Y la motivación es emocional, no cognitiva. Cada vez que un niño dice: «Quiero», es una expresión de emoción. Los niños superdotados se desbordan de emoción, pasión, entusiasmo. A veces, agotan a otros con su intensa emotividad. He visto a niños mayores llorar ante la belleza o tras una gran decepción. Su sentido de la justicia también es profundamente emocional. Con frecuencia, se conmueven por las personas sin hogar, las catástrofes o las guerras. La injusticia en el aula puede resultarles insoportable; y la injusticia en casa aún más. Su nivel de empatía puede ser inconmensurable. Un niño de nuestra escuela renunció a ganar una partida de ajedrez adrede, al darse cuenta de que perder sería insoportable para su rival.

Las altas capacidades ocurren mayormente en el corazón y en el alma. Aun así, la mayor parte del trabajo y de la investigación para entenderlas y tratarlas se centran en el área cognitiva. Tratamos de entender las altas capacidades con nuestro cerebro, a través de la razón. Todo el enfoque de la educación, empezando por los padres, se ha trasladado a la base cognitiva. Al excluir las emociones, nos alejamos y perdemos la esencia de ese talento. Si queremos apoyar a los niños con altas capacidades, debemos apoyar su Ser. La autorrealización no puede existir sin un crecimiento y autoconocimiento emocional. Esto no significa que no necesiten de todas las oportunidades educativas para crecer en el área cognitiva. Las necesitan desesperadamente, pero no en la forma en que nosotros queremos. Ellos están impulsados ​​emocionalmente para dar sentido al mundo y para expresarse en él. Por esta razón, los niños superdotados adoran las ciencias, las matemáticas y cualquier información dentro de su área de interés. Su objetivo es dominar ese campo de conocimiento empezando por comprenderlo a fondo. Ese dominio les proporciona seguridad. Es por eso que el crecimiento cognitivo es imprescindible. Quieren incorporar el mundo al comprenderlo, al explorarlo. Son estudiantes apasionados, pero por razones emocionales, no cognitivas. Y su deseo no siempre se dirige hacia el aprendizaje calificado o académico, sino hacia un aprendizaje conceptual de su propia elección. Por lo tanto, nuestras expectativas contradicen su necesidad interna. A menudo se sienten demasiado estructurados y controlados. Hay quienes tienen problemas para deletrear. Y eso puede ser, tristemente, todo lo que la escuela sabe sobre ellos. Pero sus historias y fantasías podrían pintar el mundo con increíbles colores y expresar más emoción y conocimiento del que jamás encontraremos en el aula al frente del maestro. La mayor parte de esa riqueza y de ese brillo está oculta detrás de nuestro enfoque educativo lineal. Sería tan emocionante si toda esa creatividad interna y emotividad que existe en nuestros niños pudiera irrumpir en el mundo, hacerse visible. En cambio, nos concentramos en domesticarlos y doblegarlos a nuestro mundo plano, estructurado, lineal. Mientras su Ser sigue luchando por sobrevivir y emerger.

Debemos ser conscientes de que existe una enorme contradicción entre las necesidades de los superdotados y los fines y objetivos del sistema educativo. Pero existe un tesoro que es la imaginación y la creatividad que nos negamos cuando nos limitamos a definir la superdotación como cognitiva únicamente. Veíamos ese tesoro interior en las guarderías cuando no les hacíamos todavía demandas académicas. Las historias que estos niños inventaban, los juegos a los que jugaban y cómo representaban la vida cotidiana, nos permitía asomar a su profunda e intuitiva comprensión del mundo.

Muy pocas escuelas satisfacen las necesidades del corazón y del alma de los niños. Hay, por ejemplo, niños superdotados con una enorme habilidad e interés técnicos. Son los que expresan sus sueños con las manos. Hace años, teníamos un estudiante en nuestra escuela que quería construir coches. Decidimos que pasara la mitad de su tiempo en una escuela vocacional donde con nueve años estudió la construcción de automóviles junto con estudiantes de último año de secundaria. Cuando lo volví a ver me agradeció enormemente por hacer esta sugerencia tan inusual. Sintió que allané el camino hacia su futuro. Se sintió apoyado, validado, reconocido. Claramente era un niño con dones muy específicos. Prácticamente ninguna escuela en los Estados Unidos le daría este tipo de oportunidad. Antes de que hiciéramos esta sugerencia, afrontó todo tipo de problemas la mayor parte del tiempo porque sus necesidades no estaban satisfechas. El profundo anhelo de su alma estaba absolutamente frustrado. A menudo he observado cómo los obstáculos, las carencias y la falta de atención a sus necesidades pueden despertar violencia y agresividad en los niños con altas capacidades, y en algunos casos, al reprimirla por considerarla inaceptable, la proyectan sobre si mismos desarrollando cuadros de depresión, ansiedad y otros múltiples trastornos y sintomatologías.

Los niños con altas capacidades a menudo sienten que no tienen un lugar a su medida. Se sienten como extraterrestres. No sienten pertenencia. Su estructura interna, su alegría de aprender, penetra con tanta fuerza y, sin embargo, sus voces rara vez se hacen oír. De hecho, los resultados de las pruebas cierran las puertas a muchos niños superdotados. Aquellos que tengan dificultades con la ortografía, con la escritura a mano, la memorización o el cálculo matemático, o los que sean tan perfeccionistas que mermen su velocidad de procesamiento por miedo a cometer errores, a menudo quedan fuera del espectro visible e identificable. Esto, entonces, deriva en la depresión, porque no encuentran una salida para expresar su talento y su creatividad. Sin embargo, en el momento en que se sienten comprendidos por sus maestros y por sus padres, es como si mágicamente se encendiera una bombilla y el mundo volviera a ser para ellos un lugar maravilloso, otra vez.

Recientemente, conocí a un niño que, a la edad de ocho años, desarrolló un enorme talento musical. La escuela no lo apoyó. Otros niños, que solían ser sus amigos, comenzaron a burlarse de él. Se deprimió. Necesitaba una salida para desarrollar su pasión. En este caso, la familia no se detuvo ante la reacción de la escuela. Los padres lo sacaron del centro y organizaron un plan educativo personal y a medida. Idearon una combinación de educación en el hogar, clases de instituto y una orquesta juvenil. El resultado fue un niño verdaderamente feliz camino de su autorrealización y de una carrera musical sobresaliente. Sin duda, habría estado en serios problemas y el mundo se hubiera perdido la alegría y el talento que él tenía para ofrecer. Algunos otros ejemplos de niños que disfrutan del apoyo de sus padres: unos gemelos, ambos con un coeficiente intelectual de 160, se desarrollaron en direcciones totalmente diferentes gracias a que sus padres y la escuela a la que acudían atendieron a sus necesidades particulares. Uno vive en este mundo, utilizando su talento creativo para la música, la actuación y la lectura. El otro habita su propio mundo interior en busca de respuestas a preguntas ontológicas ¿Qué es el infinito? ¿Cómo podemos llegar a él? ¿El universo se expande? ¿Dios existe? Este niño es impulsado por unas necesidades emocionales tan intensas que las palabras simplemente salen de él. Esto a veces lo conduce a la tartamudez. Otro niño se pregunta: ¿Cómo sería estar muerto? Y se ve a sí mismo en una burbuja y a sus amigos lamentándose frente a su propio cadáver. El niño inventó su propia galaxia. Tenía también un sentido inflexible de la honestidad y tuvo serios problemas con su maestro un día en que les pidió que escribieran algo positivo sobre otro niño. No podía obligarse a decir una mentira si no tenía nada positivo que decir. Y tampoco podía cumplir con una tarea si le resultaba aburrida. No creía que fuera justo o necesario hacer algo que le produjera sufrimiento o hastío. Era emocionalmente imposible para él cooperar ante las demandas de una escuela y un sistema completamente ajeno a su comprensión y funcionamiento. Lamentablemente, sus maestros solo vieron un comportamiento conflictivo, rebelde, inadaptado e inaceptable.

Una niña de cuatro años apasionadamente interesada en aprender todo sobre los animales conocía todos sus nombres en latín. Sabía cuáles se habían extinguido y por qué. Conocía la importancia de su esqueleto y de todos los sistemas internos de su organismo. Tenía un maravilloso dominio del lenguaje. Sus emociones y su amor por los animales le dificultaban soportar la idea de que se comieran los unos a los otros. Así inventó un mundo de animales construidos de tal manera que ya no necesitaran comerse entre sí. A veces sentía una profunda tristeza por la violencia y depredación presentes en la naturaleza. Su familia reconoció esta reacción y no la rechazó. Buscaron entonces cuidadosamente una escuela que entendiera sus necesidades en lugar de intentar cambiar su punto de vista.

Un niño muy introvertido de diez años no podía soportar si su maestra trataba a otro niño injustamente. A pesar de su extrema timidez fue capaz de ponerse de pie en el aula en más de una ocasión para defenderlo. Esto demuestra que la fuerza y profundidad de las emociones y las convicciones consigue muchas veces vencer las propias limitaciones o rasgos de la personalidad.

Una niña de trece años decía amar a los caballos mucho más que a las personas. Ellos eran sus mejores amigos. Nos decía: «Son honestos. No hacen trampa. Nunca te manipulan».

Un niño de once años sufría largos períodos de comportamiento antisocial. Se habían hecho todo tipo de especulaciones sobre cómo hacer frente a esto. Fue diagnosticado erróneamente incluso con un TDAH por sus maestros. Sus padres se dieron cuenta de que siempre le ocurría cuando se sentía amenazado o perdía el control. Por ejemplo, en el patio, al haber demasiada gente y demasiado espacio se sentía desprotegido. A veces intentaba controlar a sus padres para no perderlos de vista y se comportaba de una manera muy antagónica. Empezaron a buscar motivos y se dieron cuenta de que todo había comenzado con la muerte de un amigo. Desarrolló así una profunda ansiedad por la posibilidad de la muerte de sus padres, pero no sabía expresarlo con palabras. Una vez que descubrieron la causa y pudieron hablar con él abiertamente sobre el tema, el comportamiento disminuyó.

Hay muchas más historias sobre esa vida interior inaccesible y desconocida de los niños con altas capacidades. De padres atrapados entre el mundo exterior y la vida interna y las demandas del niño. Muchos padres recuerdan y reviven sus propias dificultades para adaptarse cuando eran niños. Los niños superdotados generalmente tienen padres superdotados. Su ansiedad y el deseo de proteger a sus hijos de las mismas experiencias que ellos enfrentaron, y que siguen enfrentando aun en su vida adulta, les influye de manera contradictoria para presionarlos, para que encajen, y a la vez los sobreprotegen mientras les exigen demasiado en su afán por evitarles el mismo sufrimiento. A veces pueden ignorar las necesidades y la conducta del niño porque actúan según sus propias necesidades emocionales, también complejas y sin cubrir. Pero hay una fuerza vital dentro de cada niño que lo empuja en la dirección hacia donde su Ser quiere ir. La primera gran lealtad del niño con altas capacidades es hacia sus propias necesidades.

La escuela representa inevitablemente a la sociedad. Pero debemos ver las necesidades del niño por encima de todo sistema, ya que el sistema no fue creado ni por ni para su extrema sensibilidad ni su patrón de funcionamiento y su profundidad emocional ¡No podemos caer en el error de intentar adaptarlos a un mundo limitado, plano e insuficiente! Demasiado a menudo hemos ignorado las necesidades o no hemos sido conscientes de ellas en lo más mínimo. Cuando los padres sienten el impulso y la obligación de cubrir las expectativas de la escuela, los niños se sienten horriblemente solos, confrontados con un ejército de gigantes: la escuela y los padres, que insisten en llevarlos a donde ellos no quieren (ni deben) ir. Sin embargo, el niño intentará la mayoría de las veces defender instintivamente sus necesidades. Porque son irreprimibles. Si se sienten bloqueados, se abrirán paso con comportamientos defensivos, con una fuerza que romperá las ventanas si se encuentra ante una puerta cerrada. Este es el mayor dilema que encuentro tantas veces en los padres y sus hijos superdotados.

Me gustaría enfrentar a los padres con la realidad de las necesidades impostergables de su niño superdotado y con la certeza de que el primer requisito es que haya un vínculo, una línea vital entre los padres y el niño. En mi experiencia, he descubierto que la solidez de este vínculo es la razón principal por la que el niño atravesará con éxito los momentos difíciles a los que muy a menudo estará expuesto. No importa cuán aislados se sientan dentro del mundo, se mantendrán en armonía con su Ser si sienten que sus padres están realmente de su lado. Muchos niños me han dicho que sus padres son sus mejores amigos y que no podrían imaginar la vida sin ellos. Hay algunas escuelas e instituciones educativas que satisfacen las necesidades de los niños superdotados. En esos casos, podemos ver claramente como el niño puede crecer y desarrollarse sin obstáculos, sin toda la sintomatología y los conflictos que surgen cuando sus necesidades emocionales e intelectuales no están cubiertas. Debemos ver la situación como un triángulo que contiene al niño, al sistema educativo y a la familia. Cada uno tiene su propia individualidad, aunque el bienestar del niño es, por supuesto, el objetivo común. Las necesidades del niño deben ser siempre el punto de partida y, a partir de ahí, construir todos los puentes necesarios hacia el mundo exterior. Esto no se refiere a un enfoque permisivo en el que el niño tome todas las decisiones, pero sí uno que esté orientado a ayudar sinceramente a que se convierta en quien es verdaderamente y no en lo que se espera que sea para satisfacer a sus padres, al sistema o a las demandas estandarizadas del mundo en el que vive. El niño superdotado no sabe cómo alcanzar estos objetivos. Necesita de la orientación y de la protección de los adultos. Pero de adultos que sean capaces de verlo, escucharlo, comprenderlo y validarlo. Ellos necesitan la empatía y el apoyo tanto de sus padres como de sus maestros. Los padres y los niños están en medio de una vasta red de interconexiones que comienzan en el vientre, continúan en el seno de la familia, y se amplían a la escuela, la comunidad y al mundo entero.

A menudo nos sentimos pequeños e impotentes dentro de esa enorme red y esperamos a que el niño encaje y soporte la presión del llamado mundo real, incluso sabiendo que eso no está bien. Lo que tenemos que pensar es que, en realidad, el mundo real no existe. Todos tenemos el poder y la voluntad de hacer lo que debemos hacer. Y los niños que crecen con una concepción fuerte de su Ser comprenderán que pueden libremente crear su propio lugar en este mundo.

©2004 Annemarie Roeper

 

Fuentes publicadas en español, fuente original y artículos relacionados:

 

Annemarie Roeper. Superdotación. Emotividad, alma y corazón. Publicación de Soy Superdotado – Tu refugio.

https://www.facebook.com/permalink.php?story_fbid=2246228065478974&id=843473292421132

 

Educar las emociones y no solo el intelecto: una idea con frutos a largo plazo.

https://www.psyciencia.com/educar-las-emociones-y-no-solo-el-intelecto-una-idea-con-frutos-a-largo-plazo/

 

Artículo original en inglés.

http://www.educationoasis.com/visitor-resources/articles/emotional-needs-gifted/

 

Más artículos sobre altas capacidades en nuestro blog.

http://altascapacidadespitagoras.com/blog/

 

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